Foto: Jaime Menéndez de Luarca
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Sobre los 1.200 abandonos en St. George: "Es de los más duros que he hecho en mi vida, sino el más duro"

El pasado 7 de mayo, día en que se coronaron Daniela Ryf y Kristian Blummenfelt como nuevos Campeones del Mundo de IRONMAN, otras casi tres mil personas se enfrentaban a una prueba que, en sí, era una gran incógnita: pese a que se ha disputado como cita tradicional del calendario, las fechas, la temperatura y la orografía hacían que St. George tuviese todos los condicionantes para ser de las más exigentes.

Y finalmente, se demostró que así era: 1.200 abandonos, un tercio de los participantes, le ponen en cabeza de las pruebas en las que más inscritos han tenido que echar a tierra antes de tiempo. Supera a otras pruebas, como IRONMAN Frankfurt 2019, donde se superó el 25% de abandonos.

"La lucha era por sobrevivir y aguantar en carrera, caminando, vomitando o dando tumbos, daba igual, solo había que seguir", llegó a decir Saleta Castro por entonces, quinta en aquel Campeonato de Europa.

En St. George, fue Jaime Menéndez de Luarca quien vivió en sus propias carnes unas condiciones climatológicas adversas, incluso más exigentes que las que se encuentran los deportistas que acuden a Kona. "Es de los más duros que he hecho en mi vida", relata el siete veces finisher de un Campeonato del Mundo, "si no el más duro".

Jaime Menéndez de Luarca
Foto: Jaime Menéndez de Luarca

Altitud y calor, la clave

"Mirando los gráficos de desnivel y de temperatura, lo que tiene esta carrera es una acumulación de factores: factor por factor, no es nada del otro mundo", explica Jaime, para quien el desnivel acumulado durante el segmento ciclista y la carrera a pie, a priori, no asustan.

"Si solo fuese el desnivel...", relata. "Pero es un cúmulo de cosas".

"Lo primero, que se disputa a 1.000 metros de altitud, que hay un déficit de oxígeno respecto a cualquier otra prueba porque la mayoría se disputan a nivel del mar, eso de por sí hacía que fuese bastante intenso".

"Además, está el viento". Según cuenta Jaime, los participantes se tuvieron que enfrentar a rachas de viento en contra de hasta 27 kilómetros. "No es una barbaridad, pero es otro factor a sumar".

La orografía, poco amigable

Los 2.400 metros de desnivel ponen a St. George a la altura de pruebas como 140.6Inn o Lanzarote, pero según explica Jaime, de una manera totalmente diferente. "Aquí no hay ningún sitio para descansar".

"Tú terminabas una subida corta, que ibas enganchando una detrás de otra y estabas alrededor de tres minutos por debajo del umbral. Y así estuvimos durante veinte subidas, aproximadamente. Cada vez que coronabas una subida. tenias que enseguida volver a pedalear, porque no ibas muy rápido en los ascensos".

Jaime Menéndez de Luarca
Foto: Jaime Menéndez de Luarca

"De primeras, eran 400 metros hacia arriba. En total teníamos 17 subidas, de las cuales 16 eran cortas, de apenas unos minutos, y una última que era la de Canyon Snow Pass que llegaba a los quince minutos".

Lanzarote, en este sentido, una de las pruebas que tradicionalmente se ha reconocido más duras dentro del calendario, es algo más amigable: "pedaleas veinte minutos de subida y luego tienes diez minutos de descanso".

Con todo, hay que añadir que el asfalto de St. George tampoco ponía de su parte: "era bastante irregular y no permitía acoplarse".

Jaime resumen todo este cúmulo de factores adversos con un "no voy nunca mal, pero no voy nunca bien".

La carrera a pie, muy dura

Si esos 180 kilómetros de segmento ciclista no fueran suficientes, la carrera a pie contaba con 568 metros de desnivel acumulado, algo muy poco habitual dentro del circuito IRONMAN, que suele buscar maratones lo más planos posible.

Aunque solo eran cuatro subidas, la sensación es que el cuerpo ya no daba apenas de sí.

Hay que tener en cuenta, por último, la temperatura en que se disputaron tanto el ciclismo como la carrera a pie: "Cuando salimos del agua, hacía una temperatura de 24 grados cuando nos subimos con la bici, y estuvimos entre 24 y 37 grados".

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