Alcohol y pérdida de grasa: así afecta su consumo a tus objetivos
Foto: Ingo Kutsche
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Alcohol y pérdida de grasa: así afecta su consumo a tus objetivos

"¿Hay tanta diferencia si tomamos cerveza con alcohol o sin alcohol a la hora de perder grasa?" El dietista-nutricionista José Alberto Rubiño recibió hace unos días esta pregunta en consulta y quiso compartirla y responder públicamente en sus redes sociales, para esclarecer cómo se relacionan alcohol y pérdida de grasa.

A modo de ejemplo, Rubiño expone una infografía donde se muestran las calorías que se encuentran en una alta de cerveza con alcohol y en una de cerveza sin alcohol. Como podemos ver en la publicación de este experto con Máster en Nutrición Deportiva, la diferencia es considerable: 82,5 kcal por lata (sin alcohol), frente a 138,6 kcal por la lata (con alcohol).

Esta diferencia, tal y como relata Rubiño, se debe básicamente al alcohol. Sin embargo, para el nutricionista "lo más importante no reside en las kcal, sino en el propio alcohol", una sustancia tóxica para nuestro cuerpo que "está muy instaurado en nuestra sociedad" pero a sus peligros e incovenientes para nuestra salud.

Por otro lado, "el alcohol inhibe la síntesis proteica, por tanto no nos estamos haciendo ningún favor si incluimos alcohol cuando nuestro objetivo es perder grasa", comenta.

¿Significa esto que no podemos tomarnos una cerveza? La decisión debe tomarla cada cual, pero debemos ser conscientes de lo que tomamos: "por un lado incluiríamos el alcohol y por otro estaríamos añadiendo casi el doble de kcal…", apunta José Alberto Rubiño.

¿Qué dice la ciencia sobre el alcohol y la pérdida de grasa?

Según la ciencia, el metabolismo del alcohol es una prioridad que ocurre principalmente en el hígado y, aunque varía mucho entre los individuos, el cuerpo básicamente detiene sus otras vías metabólicas y se concentra en deshacerse del alcohol.

El alcohol lleva 7 kcal por gramo. Son 3 kcal más por gramo que las proteínas y los carbohidratos, y solo 2 kcal menos por gramo que la grasa dietética. Si todas las fuentes de energía dietética están disponibles juntas en su sangre, el alcohol es la opción preferida de su cuerpo.

"Las calorías derivadas del alcohol se producen a expensas del metabolismo de los nutrientes normales, ya que el alcohol se oxidará preferentemente sobre otros nutrientes", apunta Arthur I. Cederbaum (2012).

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Foto: Unsplash // Brittani Burns

Se ha demostrado que el alcohol no solo detiene la quema de grasa (oxidación de grasa), sino que también hace que el cuerpo genere grasa nueva en el hígado (lipogénesis). Los metabolitos del alcohol (acetato) interfieren y detienen la movilización de grasa periférica en nuestro cuerpo (no podemos acceder a nuestras reservas de grasa). También hace que nuestro hígado se reorganice para metabolizar mejor el alcohol y aumentar la producción de colesterol (lipoproteínas).

Es decir, al ingerir alcohol se producen cambios en el funcionamiento del hígado: este se concentra en metabolizar todo el alcohol y sus derivados, hasta el punto en que hay cambios físicos visibles en nuestro hígado, como la acumulación de grasa.

No solo detiene el metabolismo de las grasas en el hígado, sino que también hace que el hígado produzca más grasa y colesterol. Los metabolitos del alcohol dificultan que nuestro cuerpo acceda a la grasa almacenada para obtener energía.

El alcohol nos da hambre

También existe una evidencia importante de que el alcohol nos hace sentirnos más hambrientos, algo que no queremos que ocurra si nuestro objetivo es la pérdida de grasa.

Un estudio en particular publicado en la revista Appetite (2010) evaluó a mujeres que consumían bebidas alcohólicas o no alcohólicas antes del almuerzo. Los investigadores encontraron que cuando el grupo de mujeres que consumían alcohol se sentaban a comer, consumían significativamente más alimentos (y más energía) y reportaron tener más apetito durante el resto del día, incluso después del almuerzo.

En este contexto, un estudio sobre la relación del consumo de alcohol con la pérdida de peso en el contexto del tratamiento conductual para la pérdida de peso encontró que "las disminuciones en el consumo de alcohol se asociaron con un mayor porcentaje de pérdida de peso al final del tratamiento para los participantes con niveles más altos de impulsividad".

Los investigadores concluyeron que "el consumo de alcohol puede dar lugar a episodios de sobrealimentación, y las personas muy impulsivas pueden correr el riesgo de aumentar la ingesta de energía durante o después de los episodios de consumo de alcohol".

Alcohol y recuperación deportiva

Más allá de la relación de la mala relación del alcohol y la pérdida de grasa, también se ha demostrado que su consumo no es amigo del rendimiento y la recuperación deportiva.

Tal y como señala la fisióloga deportiva Satu Tuominen, "uno de los factores de carga más significativos que estropean la recuperación es el alcohol. Incluso dos dosis reducen la recuperación nocturna y, a medida que aumenta el número de dosis de alcohol, aumenta el efecto negativo".

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Foto: The Daily Telegraph

Aunque muchos defienden que el alcohol ayuda a conciliar el sueño, también "aumenta la actividad del sistema nervioso simpático, es decir, la reacción del cuerpo al estrés", durante el descanso nocturno, al mismo tiempo que "debilita la función del sistema nervioso parasimpático, que promueve la recuperación". 

Tuominen explica que el consumo de un par de dosis de alcohol después del ejercicio vigoroso por la noche puede "reducir la cantidad de sueño reparador hasta en la mitad del tiempo que se duerme".

El alcohol también reduce la cantidad de sueño REM, que es importante para el cerebro y el aprendizaje motor, así como debilita la síntesis de proteínas, que permite el crecimiento muscular.

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