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Cómo recuperar la confianza si has dejado de correr bien

Cualquier atleta, antes que corredor, es humano. Todos tenemos malos días, malos resultados y malas rachas. Hasta los más grandes y los más profesionales los tienen, te lo aseguro, porque ellos también son humanos. Y cuando eso pasa es difícil mantener la confianza en uno mismo.

Por suerte, un mal resultado no es un fracaso definitivo que marcará tu vida para siempre, por mucho que pueda parecerlo. Incluso si estás sumido en una sucesión de carreras más bien flojas, eso no quiere decir que estés más allá de toda salvación.

Sí, es posible que hayas empeorado. Incluso es posible que hayas dejado de correr bien, pese a toda la práctica que llevas a tus espaldas. No te vamos a mentir, a veces pasa y es desagradable, pero recuerda una cosa: tampoco sabías correr bien antes de empezar a entrenar y aprendiste.

Puedes aprender de nuevo.

Pero antes tendrás que dejar a un lado la culpa y recuperar la confianza en ti mismo, porque los reproches son una carga demasiado pesada en absolutamente cualquier carrera.

Consejos para recuperar la confianza en ti mismo (y en tus capacidades)

Siendo conscientes, tenemos oportunidad de ser previsores y que en próximas ocasiones no nos ocurra así. De hecho Cristina Pérez, Directora del equipo de psicólogos de Siquia, nos cuenta las claves para conseguirlo.

Analiza tus malos resultados y evalúa lo que estaba en tus manos (y lo que no)

Lo sabemos, no es fácil aproximarse a un mal resultado con mente fría e intención de ser analítico, pero es útil.

Quizás quieras olvidarte de ello, pero piensa si te servirá de algo o si, en su lugar, podrías aprender algo de la experiencia antes de desecharla.

¿Cuáles fueron los factores que determinaron aquella derrota? ¿Una mala alimentación? ¿Falta de entrenamiento? ¿Una discusión con un ser querido? ¿Fue el tiempo? ¿Fue, simplemente, que tus oponentes eran mejores?

Apunta todo lo que crees que podía haber influido y divídelo en dos listas: una lista contendrá las cosas que puedes controlar, la otra las que se escapan de tu control. Una vez hecho esto, céntrate en esa primera lista de cosas que sí puedes controlar y entrena para que la próxima vez puedan impulsarte en lugar de frenarte.

Permítete fracasar y estar triste

No eres una máquina de correr, eres un ser humano que tiene sentimientos. Y aunque la tristeza y la derrota son sentimientos desagradables, reprimirlos no te servirá de nada.

Permítete sentirte derrotado unos días, permítete incluso llorar y contarle a alguien qué es lo que te hace sentir tan mal. El simple hecho de expresar los propios sentimientos empezará a sanar la herida.

Pero, cuando lo hayas hecho, no te quedes estancado en el dolor. Recopila todos esos aspectos de tu fracaso que pueden ayudarte a mejorar y olvida el resto. Aprende de tus errores, pero no dejes que te martiricen, porque entonces te impedirán centrarte en mejorar y te mantendrán alejados de la meta.

Recuerda que una buena salud mental es igual de importante que una buena salud física.

Foto: ITU Media // Janos M. Schmidt
Foto: ITU Media // Janos M. Schmidt

Sé consciente de tus debilidades, pero más aún de tus fortalezas

De cara a recuperar la confianza, tratar de ignorar aquello que se te da mal no es una decisión inteligente.

A la hora de mejorar es esencial que tengas en cuenta aquello en lo que no eres tan bueno, porque será la parte que más debas entrenar.

Eso no quiere decir que debas ignorar tus fortalezas, aunque es cierto que necesitarás enfocarte menos en lo que se te da bien a la hora de mejorar de cara a la próxima competición.

Sin embargo, si lo que quieres es mejorar a nivel mental y recuperar la confianza en ti mismo, recordar de vez en cuando que eres todo un hacha en el entrenamiento de fuerza, en natación o en cualquier otra disciplina te ayudará enormemente a mantener la fe en ti mismo y en tus habilidades.

Toma nota de tus progresos

No todo es tan abstracto como la positividad: tus resultados son algo cuantificable y tomar nota de tus marcas puede ser una carta a tu favor.

Tomar nota de tu progreso no solo te ayudará a levantar el ánimo cuando necesites recordar que correr se te da cada vez mejor, sino que además te ayudará a plantear objetivos realistas en el tiempo.

Sé amable contigo mismo

Todos tendemos a ser más crueles con nosotros mismos que con los demás. Seguramente los fracasos de tus rivales no te hagan verles menos fuertes, ¿verdad? Seguramente no culpes a tus amigos cuando no consiguen aquello que esperaban.

Entonces, ¿por qué culparte a ti?

Trata de ser objetivo y compasivo contigo mismo. No, no lo has hecho bien, pero no es el fin del mundo. No generalices y no te cargues todo el peso de esa derrota a tus espaldas.

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Foto: HEAD / Zoggs

Planta cara a los pensamientos negativos

Hay muchas formas de evitar los pensamientos negativos, pero quizá una de las más interesantes sea entrenando el diálogo interno positivo.

Cambiar el foco de tus pensamientos puede parecer fácil cuando se trata de la teoría, pero no siempre es fácil dejar la culpa a un lado y ponerse a ello. Si fuese tan fácil los psicólogos no tendrían tanto trabajo.

Para hacer frente a los pensamientos negativos debes contradecirlos: si tu cabeza te dice "No he logrado ni la mitad de los objetivos que me propuse para este año" encárgate de ponerle un pero.

Puedes probar a decirte: "Es cierto que no he alcanzado muchos de los objetivos que me propuse para este año, pero hace dos años no habría conseguido ni una cuarta parte de lo que he logrado ahora".

Establece metas realistas a corto y largo plazo

Un punto básico para recuperar la confianza en ti mismo es tener claro un punto: sin metas correr no tendría sentido, pero no vale cualquier tipo de meta.

Si empezaste a correr hace dos meses no tiene sentido que tu meta sea convertirte en el mejor corredor del mundo en un año.

Ser consciente de tus capacidades es fundamental cuando se trata de ponerte metas. Evalúa lo que has conseguido y hazte una idea de hasta dónde puedes llegar. No pasa nada si no estás seguro de poder conseguirlas, porque salir de la zona de confort es clave para sacar lo mejor de ti mismo.

Pero no basta con establecer metas a largo plazo que te mantengan en funcionamiento. A su vez debes desgranar esa gran meta en pequeños objetivos que sirvan como escalón para llegar a ella.

Recuerda que la constancia será la que te ayude a lograr tus metas

Roma no se construyó en un día y ningún gran atleta ha conseguido ser uno de los mejores por arte de magia.

La constancia es prima hermana del realismo: si te pones objetivos razonables y trabajas día tras día en ellos, a un ritmo progresivo pero asequible, evitarás sustos, lesiones y desilusiones.

Ser constante es ser inteligente y supone invertir en buenos resultados en el futuro.

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