De la plata en los Juegos a la ansiedad: el largo camino de Héctor Catalá tras Tokio 2020
Foto: Instagram / Héctor Catalá
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De la plata en los Juegos a la ansiedad: el largo camino de Héctor Catalá tras Tokio 2020

Son cada vez más los casos de deportistas que tienen que pasar por las manos de un psicólogo deportivo para manejar sus nervios de cara a una competición exigente. Los aficionados al deporte creemos que cuando más se necesita esta especie de ayudas es cuando el deportista está en medio de una preparación para unos Juegos Olímpicos, por ejemplo, o cuando está en medio de una mala racha.

Pero un psicólogo deportivo puede ser de gran ayuda tras un éxito. Un caso que lo demuestra es el de Héctor Catalá. El medalla de plata en triatlón en los últimos Juegos Paralímpicos de Tokio reconoció haber sufrido episodios relacionados con la ansiedad. El agobio que le producía acudir a sus sesiones de preparación era aterrador.

Así lo explicaba en una charla ofrecida en el Training Camp de Planeta Triatlón: "Vivo a 400 metros de la piscina, donde habitualmente entreno, y se me hacía eterno ese pequeño trayecto. Al llegar, tenía que soportar estar durante todo el entrenamiento, más de una hora, con un nudo en la garganta y unas ganas de llorar terribles".

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Foto: Planeta Triatlón

Y es que el titular del artículo ofrece pistas de donde se inició toda esta etapa oscura para Catalá. El día siguiente a la consecución de un éxito, como es un segundo puesto en todo unos Juegos Olímpicos, empezaría a sufrir problemas de ansiedad.

"Se me ocurrió la brillante idea, el 29 de agosto de 2021, de salir a correr con Ángel Salamanca. Durante los 15 primeros minutos estaba encontrándome fenomenal. Pero a partir de ahí, casi repito la misma sensación del día de la competición olímpica, en la que la sensación de mareo era enorme y son todo recuerdos borrosos".

La mente del triatleta estaba pasando por uno de sus peores momentos, respecto a la pasión que para él era este deporte y todo lo que conllevaba: "Hay un momento clave que es un domingo que estaba en casa, a punto de cenar, y recibo un correo con el calendario de entrenamientos. Ahí, fue el momento más desagradable que he tenido. Noto ganas de devolver y se me cierra el estómago".

Un punto crítico para el deportista que le sirvió tomar la decisión de buscar ayuda profesional: "Nunca había acudido a un psicólogo, salvo un par de veces que fui a un psicólogo deportivo porque tenía amistad con él".

A pesar de pasar por un tiempo delicado, a nivel menta, con el desgaste que supone en relaciones, Catalá afirmaba que, viéndolo con perspectiva, no ha estado solo en ningún momento: "Normalmente, si una persona te está dando un consejo, como puede ser acudir a un psicólogo, es porque lo está viendo muy claro y te tiene aprecio. Tenemos que ser lo suficientemente inteligentes para saber quién lo está haciendo por nuestro bien y quién por crítica destructiva".

La autoexigencia, un obstáculo más que un motor

Héctor Catalá, como aseguraba él mismo, se ha guiado por una frase de su padre que le ha servido como mantra en su carrera deportiva: "Hazlo o no lo hagas, pero no lo hagas a medias". El ser "esclavo de sus palabras" fue una de los granos de arena que se acabaron convirtiendo en la montaña de ansiedad y estrés que le condujo a esa mala etapa.

Ese "no hacer las cosas a medias", no significa el abandono de una carrera. Ese lema se tiene que aplicar en todos y cada uno de los días que provocan estar en la línea de salida, con los mejores del mundo, cada cuatro años: "Lo difícil es en el día a día, en los días que te levantas y estás del revés, que es desagradable, que no tienes ningún compañero para entrenar, que te toca hacer 3 horas de rodillo…".

El tomar decisiones forma parte de la preparación para conseguir la gloria: "Es muy fácil saber cuál es la decisión correcta y la incorrecta. Lo difícil es tomar la decisión. Para mí, hasta Tokio, desviarme de la línea que tenía marcada de seguir mi calendario, mis entrenamientos y demás era necesario. Me hubiera hecho más daño salirme de esa línea, que usar una válvula de escape como puede ser una cena con amigos".

En sus inicios, en los que el propio Catalá califica a esa versión anterior como "la antítesis del deportista", decidió firmar una especie de contrato consigo mismo con tal de lograr el profesionalismo necesario para ser el mejor del mundo: "Mucha gente se cree que el deporte paralímpico es deporte de exhibición. Ni mucho menos. Yo tenía muy claro que quería llegar a ser el mejor del mundo. Y el último ejemplo es el campeonato de Europa, en el cual nos fundieron por no llegar en nuestro mejor estado de forma".

La solución estaba en el cortoplacismo

La luz está al final del túnel. La exigencia de preparar unos Juegos Olímpicos es intensa y puede provocar fallas en el bienestar mental. Una lección que ha sacado de todo esto es el marcarse retos cercanos y manejables, en pro de una meta mayor.

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Foto: Srta. Emilia

"Si algo he aprendido es ser un poco más cortoplacista. Vamos a ir poco a poco. Desde luego, voy a luchar por estar en París, porque ni mucho menos, después de lo que ha pasado, tenemos la clasificación asegurada. No sé qué va a pasar ahora. No cierro ninguna puerta. Veremos después de París, que sea lo que tenga que ser. Lo único seguro es que seguiré siendo yo mismo y seguiré sin ir a medias".

Otro de los últimos puntos a resaltar por Héctor Catalá, es aprender a escuchar a la gente. Nadie te ofrece un consejo si cree que no va a servirte de ayuda, pero la cabeza es el músculo más poderoso de todos. Y cuando el cerebro no acepta algo, se niega a ver la realidad: "A mí me decían: 'Héctor, para. Entrena una vez al día y suave'. A mí me decían eso y decía: "Sí, claro, voy a hacer eso. Todos mis rivales entrenando 30 horas a la semana. ¿Estamos tontos o qué?'”

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