Dean Karnazes, el hombre que no se cansa corriendo
Pocas son las personas que no conocen a Dean Karnazes, el ultramaratoniano de 54 años más famoso del mundo. Entre sus hazañas destacan las 50 maratones en 50 días en 50 estados de EE.UU., atravesar la Antártica sin raquetas de nieve, cubrir 560 km sin parar o correr siete veces la maratón de Badwater (217 kilómetros por el Valle de la Muerte en California en condiciones extremas. Vamos, lo que hacemos cualquier de nosotros cualquire fin de semana…
Cuando Dean Karnazes trató de averiguar cuál era el límite de lo que podía correr sin parar no fueron sus piernas las que flaquearon. Lo que detuvo al ultramaratonista estadounidense después de tres días y tres noches corriendo fue el sueño.
«Cuando llevaba más de 500 kilómetros y 81 horas corriendo sin parar creo que encontré mi límite. Pase dos noches sin dormir y estuvo bien, pero en la tercera comencé a alucinar, me quedaba dormido corriendo y entendí que ese era el límite funcional que un humano podía alcanzar, por lo menos en mí», le dijo Karnazes a la BBC.

Todo empezó a los 30 años
El día que cumplía 30 años, mientras estaba en un bar celebrándolo y cuando ya llevaba un par de copas decidió que necesitaba acabar con su rutina, marcada hasta la fecha por un cargo importante en una empresa farmacéutica. Salió del bar y se puso a correr. Así, sin más.
Cuarenta y ocho kilómetros después, en medio de la noche, se detuvo. Cansado, pero contento. Acababa de descubrir qué es lo que necesitaba para ser feliz. Correr, correr y correr, y menos farmacéuticas. De joven ya le gustaba, pero fue dejándolo de joven para dedicarse al windsurf, el mountain bike, el snowboard y el surf. Años después recuperó la pasión por este deporte y lo convirtió en el centro de su vida. Menos mal que se dio cuenta a tiempo.
Lo que diferencia a Dean Karnazes de la mayoría de los seres humanoses que para él no hay un umbral láctico o anaeróbico que lo limite, como ocurre hasta con el más dotado de los humanos, ya sean olímpicos o populares.
En toda su vida nunca ha experimentado una fatiga muscular o ha sufrido calambres. Para él no hay un límite físico, sino mental.

El secreto de su fondo
Hasta el año 2006, Dean Karnazes no supo que era biológicamente diferente al resto de los mortales. «Me mandaron a un centro en Colorado», le contó Karnazes en una entrevista con el periódico británico The Guardian.
«Primero hicieron una prueba de mi capacidad aeróbica y los resultados fueron similares a los de otros atletas altamente entrenados, nada extraordinario.
Después me sometieron a una prueba de umbral láctico. Dijeron que el examen duraría 15 minutos y pararían. Después de una hora lo detuvieron y dijeron que nunca habían visto nada igual antes«.
Para la mayoría de nosotros hay un límite en el que ya no podemos seguir cuando hacemos ejercicio.
Eso se debe a que cuando cuando bajan los niveles de oxígeno en los músculos comienza a ocurrir un desequilibrio y el organismo tiene problemas para limpiar el ácido láctico que se genera en los músculos, que es cuando dejan de funcionar y viene el colapso. Eso no ocurre en el cuerpo de Karnazes que puede controlar la producción de ácido láctico debido que tiene más glóbulos rojos que el promedio de las personas.
Los glóbulos rojos son los que transportan oxígeno a través de reacciones químicas impulsadas por las mitocondrias en las células de los músculos.
Estás reacciones se mejoran por la presencia de un tipo de enzima en particular, que permite transformar el ácido láctico nuevamente en glucosa, que es la fuente principal de energía de los músculos.
Este proceso se puede impulsar con entrenamiento hasta un límite, pero en el caso de Karnazes se cree que su habilidad es producto de una privilegiada herencia genética, dotada con el tipo de enzimas requeridas y mitocondrias con mayor capacidad. Esto significa que sus músculos siempre tienen el oxígeno que necesitan.
El ultramaratonista también está convencido que el llevar una vida sana, con buena alimentación y baja exposición a toxinas contaminantes, ha contribuido a optimizar su don genético.

Fuente: bbc.com