Desafío Pastor Islas Cíes, un triatlón para volar y disfrutar
Foto: Lucía Taboada
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Desafío Pastor Islas Cíes, un triatlón para volar y disfrutar

El titular hay que cogerlo con pinzas porque solo era mi segundo media distancia, pero seguramente más de la mitad de los participantes reventaron sus marcas personales el pasado domingo en la playa del Vao. Todo empezaba en torno a las ocho y media de la mañana con el mar en calma y el cielo azul, aunque todos sabíamos que siendo Galicia eso no duraría para siempre.

Hay que dar la enhorabuena a la organización por su maravilloso sistema de salidas. Lo hicimos varios grupos espaciados por varios minutos, haciendo muy fácil y rápido encontrar tu sitio en el agua evitando golpes. Aún así os comento mi experiencia, si no sois grandes nadadores mejor no os acerquéis a las corcheras, es lo más parecido al carril izquierdo de una autovía, de una forma u otra te pasan, y no te ponen las largas para avisar. Mejor hacer más metros.

El agua estaba prácticamente cristalina, fresquita y más de la mitad de los 1,9 kilómetros se hacían a favor de corriente, así que se nadaba rápido y a gusto. Eso sí, la salida a la T1 ya dejaba de ser tan bucólica, en el último tramo el sol era cegador y hasta llegar a la bici había que correr un buen rato.

Una vez sobre la burra había un kilómetro de enlace hasta llegar al circuito. Se trataban de cuatro vueltas a un circuito de unos 21,5 kilómetros, aquí llegamos a la parte más polémica del triatlón y sobre lo que más hablaba la gente al terminar. Meter a casi 500 personas en 21 kilómetros tiene sus riesgos, y es que en los repechos (pocos), los giros y los avituallamientos se formaban pelotones con facilidad. Si a eso le unes que los jueces de la Federación Gallega fueron bastante profesionales, pues te da un resultado de lluvia de sanciones. El área de penalización hubo un momento que parecía cualquier plaza de Amsterdam.

En el plano técnico el circuito es para volar, cualquier persona capaz de acoplarse e ir fijo en la bici pudo sacar fácil 35 o 36 km/h de media. Era una verdadera delicia rodar por allí. Aunque siempre había que tirar de oído para saber cuando venía la moto, si te pillaban adelantando te ponían el cronómetro y empezaban los problemas. Todo aderezado con unas vistas preciosas de las Cíes a poco que girases la cabeza. Así llegamos a la T2, mucho más rápida y agradecida que la T1, todo sea dicho.

La carrera a pie siempre que escribo una crónica me cuesta describirla, seguramente porque normalmente voy hecho bicarbonato. Las tres vueltas desde el Vao a Samil eran bastante divertidas, tenían repechos, paseo marítimo, cuesta por una pinada, vamos que no le faltaba detalle. Era variada y agradable, sin embargo el cielo en Galicia siempre tiene un as bajo la manga. Sobre las 4 horas y pico de carrera empezó a caer la típica ‘poalla’, esa lluvia en la que no sabes de dónde vienen las gotas pero acabas calado.

María Ortega y Cristóbal Dios se impusieron con bastante solvencia en la categoría absoluta en una carrera en la que no era raro cruzarse con Javier Gómez Noya por ahí pululando en su rol de padrino de la carrera. Yo, por mi parte, disfruté una barbaridad hasta que el inicio de fascitis plantar en mi pie izquierdo terminó siendo final, segunda parte y trilogía. Aun así anduve cerca de las cinco horas, que no está nada mal para llevar un verano cargado de despedidas, bodas y con el tapering hecho en las barras de la feria de Albacete.

En definitiva, un triatlón muy bonito, más que recomendable y bien organizado para cerrar la temporada con buen sabor de boca. Eso sí, si eres de los que chupa rueda e inclumple sistemáticamente el ‘no drafting’, este no es tu triatlón.

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