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La diabetes y el deporte de larga distancia

El número de personas con Diabetes Mellitus (DM) se está incrementando en los últimos años, pero afortunadamente los tratamientos con insulina y métodos de monitorización de la glucemia se perfeccionan día a día. Esto permite controlar las alteraciones metabólicas de los diabéticos pudiendo llevar una vida normal.

El deporte es fundamental para los diabéticos. No sólo ayuda al control metabólico, reduciendo las necesidades de insulina, sino que además contribuye a su bienestar psicológico, no sólo por el efecto del deporte en sí, sino porqué favorece la integración y normalización del diabético en cualquier actividad.

A los diabéticos no se les debe restringir ni excluir de ninguna actividad deportiva, si está bien controlada, con las adaptaciones del tratamiento adecuadas, pueden realizar cualquier deporte y a cualquier nivel. De hecho, cada vez son más los que practican deportes de competición y de elevada exigencia como son el triatlón de larga distancia, maratón y ultramaratón de montaña.

El deportista diabético que practica larga distancia, a la dureza de este deporte ha de sumarle la tarea de controlar su glucemia, haciendo juegos malabares con la dieta y la insulina antes, durante y después del ejercicio. Además ha de saber identificar y resolver las complicaciones que pueden producirse durante la actividad deportiva. Para ello requieren muchos conocimientos, cabeza, motivación y fuerza de voluntad.

La insulina

La insulina es una hormona producida por las células beta situadas en el páncreas y es la responsable de que la glucosa que circula por la sangre penetre en las células para ser utilizada como fuente de energía o almacenarla. La DM se caracteriza una elevación de la glucosa en sangre. La DM tipo 1 se debe a un déficit de insulina por destrucción de las células pancreáticas por un mecanismo autoinmunitario. Debuta en la infancia, adolescencia o en adultos jóvenes. Dado que se debe a un déficit de insulina, el tratamiento siempre es con análogos de la insulina. La DM tipo 2 se debe a una resistencia a la insulina. Ésta no es capaz de ejercer su efecto en las células del organismo el cual reacciona produciendo mucha más insulina que en personas no diabéticas. Suele debutar en edad adulta o en la vejez y acostumbra a asociarse a sobrepeso y sedentarismo. Puede tratarse inicialmente con dieta y pastillas pero a menudo acaba requiriendo insulina dado que la hiperproducción de insulina desgasta las células del páncreas que dejan de producirla. Por lo dicho, es fácil entender que la diabetes que más predomina en el mundo del deporte es la de tipo 1.

Regulación de la glucemia durante el ejercicio

La actividad muscular necesita glucosa pero el glucógeno muscular se agota pronto debiendo recurrir a la glucosa que circula por la sangre. Gracias a la acción de la insulina y al estímulo del ejercicio, la glucosa penetra en las células musculares para su metabolismo. El ejercicio reduce el nivel de glucosa en sangre sin llegar a producir hipoglucemia severa porque el organismo detecta el aumento del consumo de glucosa y disminuye la producción de insulina estableciéndose un equilibrio. El ejercicio que más glucosa consume es el de larga duración cuyo efecto hipoglucemiante se prolonga hasta 12-24 horas después de haber cesado la actividad debido a la restitución del glucógeno muscular y hepático agotado durante la sesión. La glucosa que ingerimos tras el ejercicio prolongado no se queda en la sangre sino que entra en las células musculares y hepáticas para reponer los depósitos de glucógeno.
El ejercicio muy intenso de corta duración consume menor cantidad de glucosa y a menudo provoca hiperglucemia debido a un aumento de las hormonas del estrés, catecolaminas, glucagón y cortisol, que aumentan la glucemia.

Los deportistas diabéticos han de simular esta situación fisiológica mediante modificaciones y adaptaciones tanto de la dosis de insulina como la ingesta de carbohidratos previa, durante y después del ejercicio, lo cual no es tarea fácil.

Tratamiento con insulina exógena

El tratamiento con insulina puede administrase de dos formas:

En primer lugar, en forma de múltiples inyecciones en el tejido subcutáneo mediante plumas. Según el tiempo que tardan en empezar a hacer efecto y la duración del mismo, se habla de insulina rápida, intermedia o lenta. La insulina rápida se absorve rápidamente y su efecto máximo se produce entre los pocos minutos y las 3 horas y duran un máximo de 6 horas. Las insulinas de acción intermedia o lenta tienen una acción más lenta y duradera, entre 10 y 24 horas. Las insulinas rápidas conllevan más riesgo de producir hipoglucemia que raramente se produce con las lentas. Habitualmente se utiliza una o dos inyecciones al día de insulina lenta, también llamada “insulina basal”, combinada con inyecciones de insulina rápida en cada comida.

Por otro lado, la segunda forma de administrar la insulina es mediante bombas subcutáneas, dispositivos que van liberando pequeñas cantidades de insulina de forma constante a lo largo del día y dosis suplementarias en las comidas.

La zona de inyección es importante en los deportistas. Ésta debe ser subcutánea y en una zona que no se ejercite, en el tejido graso de la pared abdominal (en los michelines que lamentablemente todos tenemos en menor o mayor grado) sería lo ideal. Si la inyectamos en zonas que se han a ejercitar, como piernas y brazos, se puede acelerar su absorción y su efecto debido al aumento de la irrigación de la zona por la actividad muscular lo que puede conllevar hipoglucemia.

Reconocimiento médico pre-deportivo

A todos lo diabéticos que quieran realizar deporte se les realizará un reconocimiento que incluya: Historia clínica, exploración física completa con un fondo de ojo, examen de los pies y detección de neuropatía y un electrocardiograma en reposo.

En diabéticos de alto riesgo para enfermedad cardiovascular se añadirá prueba de esfuerzo y ecocardiografia. Son de alto riesgo los que tienen más de 35 años o más de 25 años con una diabetes de más de 10 años de evolución y todos los que asocien otros factores de riesgo cardiovascular o complicaciones crónicas de la diabetes. Recordemos que la causa de muerte súbita del deportista mayor de 35 años, ya sea diabético o no, es la enfermedad de las arterias coronarias. La diabetes es un factor de riesgo para desarrollarla así que los diabéticos son un colectivo en el que es de suma importancia una revisión cardiovascular antes de la práctica deportiva.

“Plan de ataque” del atleta con diabetes

Autocontroles de la glucemia: Establecer una frecuencia de control de la glucemia y una cifra de contraindicación para la práctica deportiva. Antes de iniciar el ejercicio siempre hay que medir la glucemia. Si es inferior a 70 o superior a 250, no se puede iniciar el entrenamiento. En el primer caso hay que ingerir azúcar, en el segundo determinar las cetonas en orina y administrar insulina. Entre 100 y 250 se puede iniciar con normalidad. Durante la actividad deportiva, se debe controlar la glucemia cada 30 minutos si es de alta intensidad o cada hora si es de baja o moderada intensidad. Al acabar, cada 3 horas durante las 12 horas siguientes y antes de acostarse.

Adaptación del tratamiento con insulina según las actividades a realizar: Para entrenamientos de corta duración, no acostumbra a ser necesario reducir la insulina basal anterior a la actividad pero a menudo si la de después y no es necesario tomar suplementos de carbohidratos. Cuando se trata de ejercicios de más de 1,5 horas de duración, se debe reducir la insulina basal o lenta previa y aportar entre 30 y 60 gramos de carbohidratos de rápida absorción cada hora. En deportes de más de 3 horas, además de reducir la insulina basal previa y aportar de 30 a 60 gramos de carbohidratos cada hora tanto de rápida como de lenta absorción, también hay que reducir o incluso omitir la insulina rápida de la comida previa al entrenamiento.

Mantener una hidratación óptima es de suma importancia, vigilando con las bebidas isotónicas dado que la mayoría aportan una elevada concentración de azúcar y son de alto índice glucémico.

Complicaciones más habituales durante la actividad deportiva

Hiperglucemia simple o con cetosis: Si los niveles de insulina son muy bajos, la glucemia se eleva pero no penetra en las células musculares las cuales obtendrán energía de las grasas y proteínas lo que generará cetonas. El exceso de glucosa en sangre se excreta por la orina y para ello arrastra agua y electrolitos y conduce a deshidratación. Por esto el principal síntoma de la hiperglucemia es la poliuria, orinar en cantidades industriales y la sed intensa. La cetosis genera mal estar general, sueño, náuseas y vómitos y un típico aliento como a manzana o dulzón.

La cetosis también puede producirse en no diabéticos en situaciones de ayuno o dietas hiperproteicas exentas de carbohidratos, cuidadín con la paleodieta ¡!!!. En no diabéticos se debe a falta de carbohidratos de manera que no se acompaña de hiperglucemia y se corrige al ingerir azúcar. En diabéticos, la cetosis es por déficit de insulina así que se acompaña de hiperglicemia y solo se corrige con insulina.

Hipoglucemia: El riesgo es mayor durante ejercicios de larga duración o cuando se practica durante las horas de máxima acción de la insulina. Todos los diabéticos están instruidos para el reconocimiento y tratamiento de la hipoglucemia, incluyendo las instrucciones del uso del glucagón. Cuando es leve, es suficiente con ingerir azúcar. La hipoglucemia severa puede llevar a la pérdida de conocimiento y hasta al coma hipoglucémico, por ello, los diabéticos deberían llevar algún distintivo que los identificara como diabéticos e información de contacto en caso de emergencia. Ante un paciente diabético que pierde el conocimiento, hay que avisar de inmediato a emergencias y a la espera de su llegada, mantener al deportista en posición segura. El tratamiento es con glucagón inyectado. Hay ciertas disciplinas deportivas en las que una hipoglucemia puede ser una catástrofe por el escenario en el que se produce. Imaginad lo que puede suponer una hipoglucemia en pleno segmento de natación de un triatlón, en medio del mar, entre la histeria colectiva de miles de nadadores repartiendo leña a diestro y siniestro para poder avanzar o en el segmento ciclista, bajando un puerto de montaña a toda castaña. Antes de entrar en el mar, subir a la bicicleta o de iniciar cualquier actividad deportiva de riesgo como nadar en aguas abiertas, inmersión, alpinismo, escalada, etc. hay que determinar la glucemia. Se recomienda iniciar este tipo de actividades con niveles altos, entre 170-185.

Este artículo no pretende ser una guía de tratamiento para el atleta con diabetes puesto que el plan terapéutico ha de ser individualizado y establecido por el facultativo y el propio atleta que se conoce a si mismo mejor que nadie. Pretende ser un escrito informativo y sobretodo alentador y motivador para todos aquellos deportistas que han sido diagnosticados de diabetes y dudan de poder seguir practicando deporte al mismo nivel que hacían antes de padecer dicho trastorno. Se puede, sin duda alguna.

Salud y lilómetros para todos, diabéticos y no diabéticos.

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