Ectomorfo, mesomorfo o endomorfo: ¿tengo que adaptar el entrenamiento al tipo de cuerpo que tengo?
Foto: Gines Diaz // Red Bull Content Pool
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Ectomorfo, mesomorfo o endomorfo: ¿tengo que adaptar el entrenamiento al tipo de cuerpo que tengo?

Conocer nuestro cuerpo es de vital importancia. Únicamente, de esta manera, puedes conseguir el máximo rendimiento para lograr tus objetivos en términos de salud y deportivos. Nuestro cuerpo puede adoptar tres posibles patrones, determinado por la genética de cada cuál: ectomorfo, mesomorfo o endomorfo.

Estos tipos de cuerpo, denominados de forma más académica como somatotipos, fue un concepto creado por el psicólogo William Herbert Sheldon, quien ideó un sistema para distinguir las diferentes formas de un cuerpo humano, relacionándolo también con el carácter y la personalidad de cada uno.

¿Qué características tiene cada somatotipo?

Antes de desglosar cuantas clases existen y demás, debes saber que los somatotipos identificados son muchos y es altamente complicada encontrar a una persona con todas las características estandarizadas de un somatotipo.

Además, el aspecto comportamental de cada tipo de cuerpo no ha parado de ser discutido por centenares de expertos. A pesar de toda la polémica que existe a su alrededor, la teoría sobre los somatotipos sigue siendo usada, en la actualidad, por profesionales del deporte.

  • Ectomorfo: Las personas con esta clase de somatotipo suelen ser delgados, con poca grasa y poco músculo. Les cuesto un mundo ganar peso, todo un obstáculo si su objetivo es aumentar volumen. El carácter de este tipo de personas suele ser agitado, introvertido y reservado.
  • Mesomorfo: El cuerpo ideal y que todo el mundo desea obtener, si generalizamos. El sujeto prototípico tiene un cuerpo musculoso, en forma de V. La personalidad asociada es de una persona aventurera y que le encanta ponerse retos constantemente.
  • Endomorfo: La forma corporal de este tipo de cuerpos suele tender a una forma más redonda que los ectomorfos. Suelen tener una mayor predisposición a engordar y, por lo general, es gente con mayores aptitudes para sociabilizar que los otros dos somatotipos.
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Foto: Roj Ferman

¿Cómo identificas a qué somatotipo perteneces?

Es la pregunta que estará pasando por tu mente al leer los diferentes somatotipos existentes. Puedes hacerte una ligera idea si te miras al espejo o las experiencias previas que hayas tenido con tus hábitos alimenticios o qué ha pasado cuando estabas realizando deporte de manera frecuente.

Según William H. Sheldon, cada persona tiene unos rasgos de que se pueden determinar en un somatotipo más que en otro, debido a la predominancia de un determinado fenotipo sobre los demás. La clasificación se basa en la observación del fenotipo de un individuo, como se expresa la genética en el cuerpo de la persona. Por lo que ideó un sistema de puntuación en el que se estableciese que somatotipo era el más predominante.

Lógicamente, es complicado para una persona normal que con un simple vistazo en el espejo puede diferenciar de manera tan específica y milimétrica si su cuerpo presenta un número más elevado en un apartado que en otro.

Una vez que conozco mi cuerpo, ¿tengo que adaptar el entrenamiento?

Aunque sepas de una manera exacta y totalmente precisa a qué somatotipo perteneces, esto no puede servir de excusa para variar tu nivel de esfuerzo y el rendimiento en la búsqueda de un mejor rendimiento o cumplir determinados objetivos estéticos.

No existen pruebas científicas que prueben la relación de los somatotipos con la tasa metabólica basal, lo que desmiente las teorías de que un endomorfo tiene una mayor facilidad para ganar peso frente a la dificultad de un ectomorfo.

Los patrones a seguir para conseguir resultados son un correcto entrenamiento y una alimentación responsable, iguales para todos los tipos de cuerpos. Lo único que es cierto es que cada persona tiene una serie de características que pueden ayudar a conseguir ciertos objetivos. Unos ejercicios de entrenamiento específicos para un ectomorfo, por ejemplo, pueden acelerar el proceso.

En ningún caso se debe generalizar. Cada persona es único y si de verdad quiere un cambio físico o de rendimiento, deberá consultar a profesionales cualificados que le aconsejen que es lo adecuado para lograr sus metas.

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Foto: Envato Elements

Constitución corporal: la clave de todo

Esta constitución corporal vendrá determinada de cuatro puntos claves como son:

  • Número de adipocitos: Estará marcado por los hábitos alimenticios que hayas tenido durante los primeros años de vida.
  • Distribución de los adipocitos: Existen personas con una mala distribución de la grasa, según los cánones de la estética.
  • Potencial de desarrollo muscular: Es un apartado que vendrá determinado por la genética.
  • Inserción de los músculos: Papel clave en la estética en general del cuerpo. Un ejemplo, el pecho amplio.

La personalización de un plan de entrenamiento y alimentación debe ser lo principal. Es clave acercarse a unos correctos parámetros basándose en la fisiología. A parte de esto, hay que considerar el punto de partida desde el que empiezas:

  • Si estás en un estado con poco desarrollo muscular respecto al tejido adiposo o eres un principiante en cuanto a realizar deporte, será necesario dedicar un tiempo relevante para mejorar el rendimiento en el gimnasio. La dieta podría ser normocalórica o ligeramente hipocalórica. Una vez conseguido el desarrollo muscular ideal para tener una base, puede marcarse el objetivo de una mejoría en la composición corporal. Se pueden incluir variaciones en la dieta para definir o adelgazar.
  • Una persona con un somatotipo ectomorfo puede empezar con una dieta para incrementar la musculatura, mientras mejora el rendimiento en el gimnasio.
  • Por el contrario, si tienes una cantidad de grasa importante y una buena masa muscular se puede comenzar con un breve período (cercano al mes) de déficit calórico, intentando mantener un mismo nivel de intensidad en las sesiones de entrenamiento.

El punto adecuado para buscar una mejor composición corporal, está en encontrar el término equilibrado entre masa grasa, masa muscular y tratar de mantener los hábitos de entrenamiento y alimentación como parte de tu rutina, además de asumir que tu genética impone unos determinados límites. No así los somatotipos.

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