5 frases que dice un triatleta (y le terminan costando un huevo de pasta)
Foto: Getty Images // Ironman
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5 frases que dice un triatleta (y le terminan costando un huevo de pasta)

Los triatletas somos de gastar mucho dinero. Pero que mucho. Y lo mejor de todo es que a veces ni nos damos cuenta de cómo empieza todo. Soltamos una frase, así como quien no quiere la cosa, y el mecanismo arranca sin que haya marcha atrás...

¿Potenciómetro? Yo no necesito potenciómetro

Nadie necesitamos potenciómetro. Así de claro. A no ser que seas Jan Frodeno, Sebastian Kienle o cualquier otro profesional que vive del triatlón, no necesitas un potenciómetro.

Pero es curioso que tras esta frase, dicha así como desdén, como que queremos mirar por encima del hombro a quienes lo tienen, se esconda, realmente, un deseo ingente de tenerlo. ¿Por qué no lo tenemos? Porque cuestan un ojo de la cara y aún no son accesibles a toda la gente, por desgracia.

De ahí que cada dos por tres revisemos las ofertas de Amazon, de Wiggle, miremos Wallapop y, un día, casi como compra impulsiva, sin haberlo comentado en casa e incluso con los amigos, nos hagamos con uno.

Nosotros mismos, en nuestro comparador de precios, lo tenemos calculado: un 16% de las consultas en el buscador son de potenciómetros.

Lo más gracioso de todo es, cuando te lo has comprado, intentar justificarlo al sábado siguiente, en la primera salida con la grupeta...

Me tengo que hacer un estudio biomecánico

Insistimos: ¿Cuántas frases empezamos los triatletas con un "me tengo" en vez de con un "me gustaría"?

Como somos así, nos gusta teñir de necesidad imperiosa simples deseos completamente prescindibles.

No decimos que el estudio biomecánico lo sea, pero sí es cierto que mucha gente va al biomecánico casi más que a ver a sus padres: no con cada bici nueva, que quizás sería lo suyo, si no casi a principio de cada temporada.

¿La excusa? Pulir unos detalles.

Como si fuéramos un profesional del deporte, aducimos que queremos ganar unos vatios, o mejorar nuestro Cda para soltar parné con una facilidad inusitada. Y teniendo en cuenta que un estudio ronda, como poco, los 150 euros, la verdad es que es una visita para pensarse varias veces.

Hacer un IRONMAN debe de ser la leche (cuando se pueda hacer)

kona 2021 ironman jan frodeno
Foto: Graeme Murray // Red Bull Content Pool

¡Ay amigo! ¡Prepara la billetera si cuando vuelva la normalidad quieres hacer uno!

Porque te avisamos: hacer un larga distancia -sea IRONMAN, sea Challenge- supone un desembolso económico de tres pares de narices.

Que no solo es comprar el dorsal: es el viaje, es el nuevo material supercaro que vas a necesitar (porque estás convencido de que lo necesitas), además de toda la inversión en entrenador, fisioterapeuta y gimnasio. Nosotros hicimos el análisis de cuánto costaba ir a Challenge Roth, y la bromita no bajaba de 1.500 euros.

Si has llegado al triatlón hace poco, ya has hecho tus pinitos en distancia sprint u olímpica, y te pica la curiosidad de los 226 kilómetros... Ve pidiendo un préstamo al consumo, que antes o después lo vas a disponer encantado.

¿Has visto cómo mola la nueva Specialized?

No solo los ciclistas se pasan el día en Instagram viendo fotos de bicis.

También los triatletas, que a cada novedad del mercado incendiamos nuestros grupos de WhatsApp con comentarios que no dejan a nadie indiferente: "me gusta esta", "aquella es horrenda", "qué cosa más bonita..."

bicicleta electrica Specialized Turbo Creo SL S-Works
Foto: Specialized

Pero no nos equivoquemos. Detrás de cada frase de alabanza a una bicicleta, subyace el oscuro deseo de tenerla. Esta u otra más asequible, da igual: la realidad es que todo triatleta está pensando en cambiar de modelo, y con cada comentario que hace, está un poco más cerca de comprarla.

En muchas ocasiones ni nos damos cuenta del proceso. Puede ser simplemente, compartir con alguien una foto. "¿Te gusta?". Sin darnos cuenta, algo se está gestando en nuestro interior. A los pocos días, te da por entrar en la web del fabricante, a mirar las especificaciones. Y después, el precio.

A la semana lo comentas con los amigos. "Cómo me gusta". Ellos, en su sano juicio, te dicen que qué haces pensando en cambiar de bici, que te compraste la última hace apenas un año. Pero ya te da igual: tú estás inoculado del veneno. Y un día te sientas a hacer números, y cenando lo dejas caer en casa, así como de soslayo, con la boca pequeña y muy deprisa: "Lo mismo me cambio la bici".

Y queridos amigos, ahí no hay vuelta atrás. A los dos meses, hay bici nueva.

Cada día me da más pereza entrenar fuera

Vale. Ahora esta no se dice muy a menudo, pero esperad unos meses, y volverá a estar dentro de nuestro vocabulario habitual.

Esta la solemos decir una tarde que estamos en el sofá y ha salido el tema del ciclismo a colación.

Hace dos semanas que no tocas la bicicleta y tu pareja te lo dice. "Con lo pesado que estabas, oye", y tú intentas excusarte en el frío, en el tráfico, en la dificultad de cuadrar horarios. Lo que sea para reconocer que pedalear ya no te llama la misma atención que antes.

¿La solución para que no te lo vuelvan a echar en cara? Comprar un rodillo. Y no uno cualquiera. Porque claro, necesitas uno de transmisión directa. Que volvemos a lo mismo: no es que lo quieras, es que lo necesitas. Y sueltas tus setecientos euros de rigor para entrenar en el salón de casa.

Lo que no sabes es que dentro de unos meses dirás "cada día me da más pereza entrenar en casa", volverás a salir al exterior, y lo mismo sueltas un "me tengo que hacer un estudio biomecánico" o un "qué bonita es la Specialized nueva", y la lías pero que bien.

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