Hacerme amigo de mi lesión... ¿en serio?
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Hacerme amigo de mi lesión... ¿en serio?

¿Puedo aprender algo de este proceso de rehabilitación o readaptación que ocupa las horas que me gustaría dedicar a entrenar? Sí… Se me ha ido un poco la olla.

Hacerte amigo de tu lesión, ¡qué movida, eh!

Llevo un tiempo en el dique seco. Una lesión muscular que vuelve a molestarme de nuevo (convivíamos desde 2013, ahora me vuelve a impedir correr) me lleva a escribir este post de marzo en Planeta Triatlón. Pero no es mi intención contar batallitas, sino ver de qué modo lo que me está pasando y lo que a mucha gente con la que entreno le aconsejo, puede ayudar a gestionar un desequilibrio así.

Vaya por delante que hay muchos tipos de lesiones, de más a menos graves. Y muchos tipos de personas y por tanto formas de afrontar una lesión. Y también están los medios de que disponemos para recuperarnos en buenas manos.

Estar lesionado es jodido. No sólo para alguien que se gana la vida con el deporte. Para quien un accidente le deja sin ir a los JJOO o le hace perderse una gran competición, una final, etc.

Todos vimos este fin de semana la vuelta majestuosa de Gómez Noya a las ITU World Series, ¿eh? ¡Eso es volver a lo grande!

También para ti o para mí que entrenamos más o menos en función de nuestras obligaciones, familia, compromisos u otras aficiones. Da igual el nivel de exigencia. El deporte para nosotros es un modo de vida y como tal (esto no lo entiende quien no hace deporte) nos aporta el equilibrio necesario para que todos los roles que desempeñamos estén en orden. Un buen amigo me decía una vez parafraseando a Ray Loriga “No sé porque corro, sé que cuando no corro es peor”

Eso es poder entrenar para muchos de nosotros.

Y de repente: ¡Lesión!

Tienes que parar. Una lesión te obliga a bajarte de la bici o aparcar las zapatillas durante un tiempo. No entraré en valoraciones. No es lo mismo mentalmente una cosa fácil de entender como un hueso roto o algo más complejo de aceptar como un desequilibrio muscular crónico. Cada una implica su recuperación y abre su proceso mental o psicológico de aceptación. Esa palabra es clave.

Hay quien destaca diversas fases en el proceso psicológico que acompaña una lesión: Negación, cólera, negociación, depresión y aceptación, reorganización.

Quiza os suena más:

Negación (Le dices a un colega en el calentamiento): "Voy a hacer hasta el 10 mil sin apretar". Luego viene la cólera: "¡Mierda, por qué no puedo hacer las series como hace 2 meses…!". De ahí, a la negociación (Piensas, luego actúas): "Voy a intentar cambiar la tirada larga a pie por la bici estas semanas. A ver qué tal… Y si no mejora, paro".

Después llegan la depresión y aceptación (La realidad viene a verte): "¡Qué bajón! No podré correr el maratón. (…) Ya he ido a un traumatólogo. Fractura por estrés… Al menos ya tengo un diagnóstico". Y por último, la reorganización (Empiezas a ver luz al final del túnel): "Pues nada… No hay objetivos esta temporada. Hasta que no me recupere, volvemos a tener tardes de cine en pareja".

En paralelo, traumatólogos, médicos deportivos, fisios, osteópatas, entrenadores, nutricionistas, biomecánicos, podólogos. Un montón de profesionales (en el mejor de los casos) pasan a ser tus nuevos gurús.

Foto: ITU Media // Janos M. Schmidt
Foto: ITU Media // Janos M. Schmidt

Es la cruda realidad. La recuperación de una lesión no comienza hasta que no la aceptas. Estás en un momento en que tu único objetivo ha de ser recuperarte. Y los deseos o las fechas de competiciones han de pasar a un 2º plano. O aceptas, o aceptas. Y mejor si es cuanto antes.

Y tratas la lesión...

Esto no voy a desarrollarlo, porque eso sería un berenjenal. Terapias hay muchas. Casi tantas como terapeutas. Con más o menos rigor. Cintíficos y chamanes. No es mi intención valorar ni condenar a nadie.

Desde mi experiencia lo que sí quiero destacar es que te fijes en qué pasa en ese tiempo y espacio con tu terapeuta. Aprender algo… la cuestión clave. Sobre tu anatomía, sobre otros factores que influyen (alimentación, descanso, prevención… el entrenamiento invisible que no subimos a las RRSS)

¿Te hacen reflexionar tus terapeutas? ¿Cambian "cosas" en tu vida/hábitos más allá del tratamiento? Porque de lo contrario la lesión pasará y habremos perdido la ocasión de aprender algo con ella.

¿Te imaginas a Mola diciendo a su entrenador que “le da mucho palo” hacer el entrenamiento de fuerza? Que para qué el entrenamiento compensatorio. Pues los aficionados debemos entender eso.

La prevención, hace que la lesión no sea necesaria como aprendizaje. Pero llegado a la lesión, rechazar el aprendizaje que lleva implícito es como renunciar a una parte del proceso.

De una lesión, ¡siempre hemos de salir más fuertes!

Os dejo algunos consejos:

  • Controla los pensamientos del tipo “No voy a poder correr” o “No voy a estar al nivel de antes”
  • Intenta conocer tu nivel de estrés. O utiliza técnicas para controlarlo. Pausas conscientes, respiración profunda, meditación. Repasa tus horarios. Si la ansiedad por no entrenar cambia tu conducta, recurre a un profesional. Controla en qué ocupas tu mente y si te ayuda o te aleja de recuperarte.
  • Sé igual de riguroso con tu readaptación como lo serías con los entrenamientos. No esperes resultados a corto plazo. Visualízate recuperado de la lesión. Te ayudará con muchos otros hábitos. (Descanso, hidratación, buena alimentación…)
  • Busca respaldo social. En casa, entre los colegas de club, etc. Si has de salir un tiempo del chat de los entrenos, hazlo. A lo mejor no te ayuda saber que todo el mundo está entrenando.
  • Y sobre todo: aprovecha para formarte un poco. La importancia de la preparación física y los hábitos saludables en relación con el equilibrio y con el rendimiento. Qué factores te van a hacer vulnerable ante una recaída. El primer factor condicionante para lesionarse es haber estado lesionado previamente, por tanto, ahora es el momento de controlar y cambiar factores que ayuden o no (tu material, tus niveles de fuerza, tus hábitos posturales, la comida basura en tu dieta…)

Si no te haces amigo de tu lesión, al menos abraza el aprendizaje que lleva implícito.

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