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Jonas Deichmann, en bici por Siberia: "Es un infierno absoluto"

Jonas Deichmann es un deportista extremo y está dando buena cuenta durante el infierno que está viviendo la última semana dentro de su triatlón alrededor del mundo en el que deberá completar un total de 40.000 kilómetros. Optimista y de moral inquebrantable, solo intenta ver lo positivo siempre, a pesar del balance de los últimos días.

Debilitado por una intoxicación alimentaria, comenzó su viaje por las llanuras siberianas a principios de semana. Una etapa que el aventurero esperaba con especial ilusión, pero de la que ahora ha resumido así "es un infierno absoluto".

La monotonía, un desafío mental: 1.000 Km en línea recta

Un paisaje monótono, un clima inhumano y un tráfico que amenaza su vida dan como resultado una mezcla especialmente dura para el joven alemán de 33 años. Y sobre todo, en la parte mental. "No es divertido ahora mismo", admite Deichmann con franqueza. “Desde que llegué a la Carretera Transiberiana cerca de Tyumen, han sido 1.000 kilómetros en línea recta. No hay nada interesante o que cambie. Un paisaje pantanoso plano con algunos bosques de abedules y entre 50 y 100 kilómetros, una gasolinera y un restaurante, y luego nada. La pura monotonía. Es peor que una bici estática o el rodillo. Y hay un tráfico brutal".

"Odiaba este recorrido"

Los dos últimos días en particular lo han exigido todo de Deichmann. Con lluvia continua y dos grados centígrados durante el día, un fuerte viento de frente y de costado las circunstancias eran extremas. “Pasa un camión tras otro, solo hay un pequeño arcén de apenas medio metro. Ya no quería seguir. Si el viento viene de un lado y encima te arrastra la corriente del camión, tu vida corre peligro. Pero Deichmann sabía lo que le esperaba. “Recuerdo la sensación en mi récord euroasiático. También estuve en esta parte. Lo odiaba.

Foto: Jonas Deichmann

Dormir, otra aventura

Las condiciones nocturnas tampoco son fáciles en la actualidad. “Hace dos días tuve que buscar un lugar para dormir durante 25 kilómetros. Simplemente no hay nada, porque aquí todo es un enorme pantano. Durante el día tenemos más grados, por la noche hace mucho frío. La nieve se derrite y se congela permanentemente. A menudo hay enormes charcos de agua. Realmente no es fácil. Tengo que salir de la autopista para dormir. Pero si camino 50 metros a través de un pantano y lodo, todo se moja al instante y al día siguiente hay que seguir en bici".

Su objetivo, llegar a Irkutsk

Deichmann se consuela pensando en lo que todavía está por llegar, y cada vez más cerca. Antes de Novosibirsk el paisaje cambiará y volverá a ver bosques y algo de montaña. El tráfico será más tranquilo porque hay mucho coche y camión que se dirige a Kazajstán y Mongolia. Aún le quedan 500 kilómetros por recorrer, solo tiene que aguantar dos días y medio para salir del infierno.

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