«En prisión llegué a correr a diario tres horas por la mañana y una y media por la tarde»
Juan Miguel Esteban entró en prisión en 2007 y allí encontró una vía de escape: correr. «Al principio eran veinte minutos, pero con el paso del tiempo cada vez corría más. Con el paso de los meses llegué a estar corriendo tres horas por la mañana y una hora y media por la tarde todos los días«. Tiempo que trascurría en un pequeño campo de fútbol sala al que daba vueltas de 120 metros una y otra vez.
«Era prácticamente girar todo el rato, cada veinte minutos cambiaba de sentido para tratar de sobrecargar musculatura«. Las condiciones en presión eran muy duras y los recursos escasos: «Allí no hay posibilidad de fisio, de zapatillas, de nada«, explica Juan Miguel, que llegó a hacer 8.000 kilómetros a unas mismas zapatillas.
Todo aquello tendría sus consecuencias: «Llegué a tener toda la planta de los pies en carne viva y estuve meses corriendo así todos los días«. En prisión no es fácil que te lleven a enfermería. A Juan Miguel le tocó conseguir gasas y betadine como podía curarse él mismo. «Como no tenía nada conseguí una maquinilla de afeitar, le saqué las cuchillas y yo mismo cortaba la piel muerta«, explica.
Durante todo aquel tiempo Juan Miguel era el tonto del patio. Los presos y los funcionarios se reían constantemente de él, pero por suerte las cosas empezaron a cambiar. «En la prisión de Aranjuez conseguí que me sacaran a correr al campo de arena grande un día o dos a la semana«. En aquella época logró ganar todas las competiciones entre prisiones: 400, 800, 1500, 5000, 10.000. Desde ese momento todo tomó un nuevo rumbo.
«Gracias a mi constancia y mi disciplina, la gente empezó a acercarse a mí para entrenar. Empecé a generar grupos y la prisión acabó por autorizarme a salir al campo de fútbol un par de días a la semana para dirigirles«. Sin casi saberlo, Juan Miguel había creado su propia escuela de atletismo.
El «paseo» de su primera maratón
Después de siete años llegó el primer permiso y Juan Miguel pudo correr su primera carrera en Aranjuez. Más de 3.000 personas tomaron la salida, el cruzó la meta en la posición 70. El año siguiente volvió y fue sexto.
Ese mismo año toma un decisión Juan Miguel decide preparar la que sería su primera maratón, el Maratón Popular de Madrid. Poco antes había llegado a sus manos por primera vez una revista: Runner’s World. «Mi primo Carlos y mi primo Jesús, que son los que me han ayudado mucho, me la pasaban. Yo veía que se contaban historias de gente y pensé que quizá la mía podía motivar». Juan Miguel tomó una decisión: escribir a Runner’s para contar su historia, pero nunca recibió respuesta.
Tras la frustración las cosas volverían a girar a su favor una vez más. En la feria del corredor del MAPOMA coincide con el mismísimo Martín Fiz que escucha su historia y promete ayudarle. Al día siguiente y a pesar de sus dudas el preso acaba su primera maratón en 3 horas y 20 minutos en algo que el mismo define como «un paseo por el parque».
La sorpresa de Runner’s World
Finaliza el permiso y toca volver a prisión. «Estuve como unas dos semanas sin llamar a casa, hasta que finalmente hablé con mi madre y me dijo que Martin Fiz y Alex Calabuig habían llamado a casa para hacerme un reportaje«. Inmediatamente Juan Miguel pidió un nuevo permiso y salió en busca de ellos.
Calabuig le propone un reto: correr una maratón por debajo de las tres horas entrenando en prisión. Tras dos intentos frustrados, en Valencia y en Sevilla, en Mapoma consigue finalmente correr en 2 horas y 54 minutos.
En diciembre de 2015 Runner’s World publica un reportaje que había estado gestándose entre permiso y permiso durante seis meses. Aquella publicación cambia la vida de Juan Miguel par siempre: le otorgan el tercer grado. «Ese reportaje me dio mi libertad y nunca tendré palabras para agradecer lo que hicieron por mí«, dice ahora.
Una nueva vida y el premio a su superación
Los primeros meses no fueron fáciles. «Tras salir de allí tuve muchos problemas para encontrar trabajo«. Juan Miguel, que tenía estudios de entrenador personal y de nutrición decidió emprender y montar su propia empresa de entrenamiento personal y empezar a vivir una nueva vida. A día de hoy trabaja en un colegio de profesor de atletismo y natación y es otra persona.
«En junio de 2017 recibo una llamada para decirme que he sido nominado para la final de los premios EDP Runners Worlds». El año pasado Juan Miguel ganó el premio a la Mejor historia de superación por delante de Elena Congost y Ramón Arroyo.
Los patrocinadores, su apoyo
«Óscar y Benjamin de Zone3«, comenta Juan Miguel, y además, «Bikila, Javier López Villarrubia, Isidro, Miguel y Jesús de 226ers«. Agradece el apoyo de todas esas personas que han hecho posible su historia y reconoce que sin ellos la realidad hoy sería muy distinta.

El paso hacia el triatlón
«Cuando conocí a Ramón en los premios ya estaba con la mosca del Ironman». Fue entonces cuando el triatleta le animó y convenció para hacer Lanzarote. «Yo no había nadado en mi vida», dice Juan Miguel, que preparó un Ironman en ocho meses. Por supuesto con la misma ambición que había demostrado hasta entonces: «Mi intención era preparar el ironman y lograr una plaza para Kona«.
«Cuando empecé a nadar no hacía ni cuatro largos. Me compré mi primera bici y los quince días hice La Perico por debajo de las seis horas», cuenta. Meses después, en su primer triatlón, Juan Miguel gana en su categoría en el media distancia de Sevilla de abril. Al mes siguiente llegaba el gran reto: Ironman Lanzarote.
«Llegaba con la idea de hacer un Sub10, pero a diez días en un entrenamiento se me rompió el abductor. Me tuvieron que hacer una infiltración y me prohibieron correr». Aun así decidió correr Lanzarote. «El día de antes de IM salí a rodar 20 minutos, lo justo para que me diera confianza y decidí que iba a correr». Una petada en el kilómetro 19 de la maratón le privó de Kona, pero terminó uno de los IM más duros del mundo en 11 horas.
Tras Lanzarote le quedó clara una cosa: su idea en 2019 es luchar por el slot. «Voy a ir a Sudáfrica a por él. Conseguí bajar de 3 horas en el maratón y conseguiré el slot a Hawaii«.
Entre dos mundos
Es el próximo reto de Juan Miguel: terminar la swinrun maratón de Lanzarote del próximo mes de noviembre. Un iniciativa a la que han llamado «entre dos mundos«, el de la prisión y el de la calle, y que nace en su viaje al Ironman. «La prisión de Lanzarote se puso en contacto conmigo y me pidieron que si podía dar una charla para los presos de allí«, algo que Juan Miguel relata como una de las mejores experiencias de su vida.
Allí dejó un mensaje: «Tu puedes cometer un error en la vida, o puedes tener cualquier problema, hay vida. Nadie tiene porque juzgarnos, ya nos han juzgado una vez y hemos pagado nuestra condena«.
