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Marie Marvingt, "la novia del peligro" a la que no dejaron participar en el Tour de Francia

Los primeros años del siglo XX no fueron fáciles para el Tour de Francia. Era época de clavos en la carretera y de una multitud que incluso agredía a los ciclistas si no eran de su agrado.

Sin embargo, en medio de toda esta agitación, una mujer se saltó las reglas y fue capaz de enfrentarse a un desafió: Marie Marvingt corrió el Tour de Francia en solitario.

13 de julio de 1908

Aquel día, 114 valientes tomaron la salida del Tour de Francia, pero sólo 36 de ellos llegarían a la meta tras las 14 etapas y los 4.888 km (1.474 más que la edición de 2021).

Sin embargo, esos datos no tuvieron en cuenta a todos los corredores que partieron de Ile de la Jatte en Neuilly-sur-Seine para enfrentarse a la sexta edición del Tour de Francia.

Minutos más tardes de la multitudinaria salida, pese a la expresa prohibición de los organización, una mujer decidió seguir los pasos del pelotón: Marie Félicie Elisabeth Marvingt.

Montañera, pionera de la aviación, esquiadora y nadadora de fama internacional, la "novia del peligro", como se le conoce, añadió otra hazaña a su colección.

Tour 1908
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A sus 33 años, Marie Marvingt se convirtió en la primera mujer en completar un Tour de Francia. Aunque, por desgracia, su nombre no aparecerá nunca en la clasificación de la ‘Grande Boucle‘.

¿El motivo? El ciclismo era deporte exclusivo de hombres y no se podía permitir que semejante desafío por parte de una mujer fuera de dominio público. El nombre de una mujer no podía aparecer en la lista de los ‘finishers‘.

Pero Marie fue mucho más fuerte que las prohibiciones de Henri Desgrange, director del Tour, y llegó a París el 9 de agosto de 1908. Sin honores, sin reconocimientos.

Sus pasos en el ciclismo

Marvingt comenzó a practicar ciclismo a los once años. Fue en este deporte donde llegaron sus primeros logros nacionales. Su fama fue a mayores con su participación en carreras relativamente inhumanas, en una época en la que se desafiaban los límites del cuerpo humano un poco más cada día.

Antes de enfrentarse al Tour de Francia corrió Nancy-Burdeos, en 1904, y Nancy-Milán y Nancy-Toulouse, en 1906.

Su leyenda es tan grande que incluso se le atribuye la creación de los culottes (pantalones muy anchos) que le facilitan pedalear, dado que a las mujeres no les permitían llevar pantalones.

"La novia del peligro"

Cuando nació en 1875 en Aurillac, resultaba complicado imaginar la mujer en la que se convertiría Marie Marvingt. Tuvo tres hermanos que fallecieron jóvenes por problemas de salud, así que tuvo que ser ella quien heredara las pasiones de su padre, un gran aficionado al deporte.

Con cinco años practicaba natación fluvial con asiduidad: cuatro kilómetros diarios y en 1906 fue capaz de atravesar París a nado. Cuando pudo caminar, fue la compañera de su padre en largas caminatas y duras sesiones de escalada en el Macizo Central.

Su educación se basó en el amor por el deporte, el esfuerzo y la superación. Y eso le hizo querer mirar siempre más alto, más lejos y más fuerte.

Años más tarde se convirtió en una gimnasta consumada y, en una sociedad donde todo era un pretexto para superarse a sí misma, se convirtió, en 1899, en una de las primeras mujeres en tener un certificado de competencia para conducir un coche. Lo que le llevó a participar también en varias carreras por el Sahara.

Una mujer revolucionaria

En una época donde el papel de las mujeres en la sociedad estaba reservado a otros asuntos, el carácter atrevido, valiente y revolucionario de Marie fue objeto de numerosas protestas.

En 1922, L'Auto la menciona en un retrato: "La señorita Marvingt se inició en el deporte en una época en la que, si se convenía en que la parte que algunos hombres daban al ejercicio físico era ridícula, resultaba profundamente escandaloso ver a una joven entregarse a él con todo el ardor de una neófita".

Pero nada pudo con Marie Marvingt, que decidió ir un paso más allá: aprendió a volar en globo y descubrió la aviación propiamente dicha en 1909. Por aquel entonces dejó de lado la mayoría de los demás deportes -a excepción de la alta montaña- y en 1910 se convirtió en la tercera mujer del mundo en tener una licencia de piloto.

Entonces llegaron numerosas hazañas, récords, accidentes y lesiones, mientras muchos de los pioneros de la aviación se dejaban la vida en el campo del honor.

Finalmente, Marie obtuvo el reconocimiento mundial que merecía y que, hoy día, mantiene. Tras participar en varias misiones de bombardeo y reconocimiento durante la Primera Guerra Mundial, recorrió el mundo como periodista y conferenciante, divulgando sus opiniones sobre la importancia de la "aviación médica".

Con los años desapareció del foco mediático, vivió sus últimos momentos en la indigencia y murió en un hospicio en 1963, casi en total anonimato. Pero el mundo siempre recordará las hazañas de "la novia del peligro".

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