Miel vs azúcar: por qué la primera es buena y la segunda no
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Miel vs azúcar: por qué la primera es buena y la segunda no

El mundo de la nutrición, como en muchos otros campos, suele caer en el reduccionismo. Esta tendencia a simplificar nos lleva a menudo a comparaciones superficiales, como es el caso del azúcar y la miel.

A simple vista, estos dos edulcorantes pueden parecer muy similares. Sin embargo, como nos aclara Manu Sola Arjona, experto entrenador en resistencia y autor de "La naturaleza del entrenamiento", las apariencias engañan.

"La comparación entre azúcar y miel como dos alimentos idénticos es un ejemplo claro del dominio del reduccionismo en nutrición. Aunque ambos tienen una composición energética parecida y afectan de manera similar al plasma glucémico y la secreción de insulina, en realidad estamos hablando de productos distintos", comenta el exciclista.

Más allá de la superficie

Manuel nos invita, en una de sus últimas publicaciones de twitter, a considerar la complejidad que hay detrás de la miel, un producto lleno de vida: "La miel es una sustancia orgánica producida a partir del néctar de flores y sustancias orgánicas por la interacción de miles o millones de abejas. Estas, a su vez, interactúan con más plantas, bacterias y microbios. Así convierten a la miel en un fluido que alberga vida, en forma de microbiota".

Este maravilloso producto no solo es una delicia, sino que, según el entrenador y responsable de AdaptaFit, tiene propiedades que van más allá: "La miel ha demostrado actuar como un prebiótico, ayudando a mantener un sistema microbiano saludable".

Por el contrario, el azúcar blanco, que también proviene de una planta, se somete a un proceso de refinamiento que lo despoja de toda vida. "El azúcar blanco, a diferencia de la miel, se asocia con disbiosis y problemas metabólicos, inmunológicos y digestivos", advierte el autor.

Consecuencias a largo plazo

A la hora de debatir los efectos del azúcar y la miel en nuestra salud, es fundamental mirar más allá de las reacciones inmediatas y considerar las implicaciones a largo plazo de nuestras elecciones dietéticas. Manuel nos reta a pensar: "El efecto de la miel y el azúcar puede ser indistinguible de un día para otro, pero, ¿qué sucederá después de meses o años de ingerir uno u otro?".

Para arrojar luz sobre este asunto, un estudio reciente ha investigado la relación entre la ingesta prolongada de miel y los efectos en trastornos metabólicos y neurodegenerativos en un contexto de obesidad.

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El estudio, dirigido por Simona Terzo y colaboradores, titulado "Preventive Impact of Long-Term Ingestion of Chestnut Honey on Glucose Disorders and Neurodegeneration in Obese Mice", puso el foco en los efectos de una dieta rica en grasas (HFD) en ratones y cómo la inclusión de miel en su dieta podía cambiar el panorama.

Durante 16 semanas, se administraron tres dietas diferentes a grupos de ratones: una dieta estándar (STD), una dieta rica en grasas (HFD) y una dieta rica en grasas suplementada con miel (HFD-H). Los resultados fueron sorprendentes.

Los ratones que consumieron miel diariamente mostraron una notable resistencia a los trastornos glucémicos inducidos por la dieta rica en grasas. Específicamente, hubo una disminución en los niveles de glucosa, insulina y leptina en ayunas, junto con un aumento en los niveles de adiponectina. Estos ratones mostraron una mejora en la tolerancia a la glucosa, la sensibilidad a la insulina y el índice HOMA, sin afectar la concentración de lípidos en plasma.

A nivel cerebral, el estudio destaca que la miel tuvo efectos neuroprotectores. En comparación con los ratones con una dieta estándar y aquellos con una dieta rica en grasas y miel, los ratones solo con dieta rica en grasas mostraron un mayor número de núcleos apoptóticos en la corteza cerebral, lo que indica una tendencia hacia la neurodegeneración.

Además, la ingestión a largo plazo de miel influyó positivamente en la expresión de genes relacionados con la sensibilidad a la insulina y redujo aquellos relacionados con la neuroinflamación o la lipogénesis.

El contexto es la clave

Si bien la miel tiene sus beneficios, el entrenador es cauteloso al respecto: "No digo que haya que comer más miel o que la miel sea un superalimento. Probablemente deberíamos reducir el consumo tanto de azúcar como de miel. Un alimento como la miel puede ser beneficioso en un contexto y perjudicial en otro, como en este mundo sedentario propenso al síndrome metabólico".

El mensaje es claro. Las elecciones dietéticas no deben basarse en comparaciones superficiales, sino en un entendimiento profundo. Como bien dice Manuel, "lo que vemos no es la realidad, sino la parte que podemos ver y entender".

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