Molestias en los entrenamientos: ¿cuándo debo detenerme?
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Molestias en los entrenamientos: ¿cuándo debo detenerme?

Como deportistas, lo último que queremos es tener que echar el freno en nuestros entrenamientos. Para triatletas, ciclistas, nadadores o atletas, el ejercicio físico acaba convirtiéndose en una parte esencial de nuestro día a día y siendo uno de los pilares de nuestro estilo de vida.

Es por ello que ningún deportista quiere "parar" y dejar de lado sus entrenamientos. Sin embargo, como apuntaba Lucy Charles, "el deporte puede ser cruel". Y es que, inevitablemente, las molestias en los entrenamientos, el cansancio o las lesiones son parte de la cara menos amable de esta afición.

Seguro que alguna vez has comenzado a notar un dolor en la rodilla durante un entrenamiento largo de carrera a pie, o tu glúteo se ha resentido tras un fondo de bici. Quizá ha sido tu hombro el que ha comenzado a doler en alguna sesión de natación. Todos hemos pasado por ahí alguna vez.

Sin embargo, muchos deportistas no saben cómo manejar adecuadamente estas situaciones. ¿Debemos seguir como si nada si la molestia nos permite entrenar? ¿Debemos parar al más mínimo indicio de que algo no va bien? ¿Qué es lo más correcto en estas situaciones?

No ignores nunca una molestia

"El primer paso es NO ignorarlo. Incluso si la sensación es relativamente leve, el dolor, la incomodidad, la tensión u otras señales que envía tu cuerpo proporcionan información útil de que algo está pasando, así que presta atención", explica Darian Silk, entrenador de triatlón y fisiólogo del ejercicio, en Triahtlon Magazine Canadá.

Muchos atletas acaban sufriendo una lesión grave por haber haber ignorado pequeñas molestias durante semanas o incluso meses. Finalmente, estas acaban explotando sobre ellos y ponen en jaque incluso una temporada entera.

factores lesión
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Lo primero que deberíamos hacer es situar esas sensaciones en una escala del 1 al 10, donde 0 sería nada y 10 sería insoportable. "Si la calificas con un 4 sobre 10 o más, entonces ya no estás experimentando una molestia/dolor/tensión leve y deberías dejar de hacerlo", explica Silk, para quien cualquier cosa más allá de una leve sensación merece ser revisada antes de continuar entrenando.

Evalua el movimiento

No se trata sólo de tener en cuenta tus sensaciones, también debes evaluar tu movimiento. ¿Qué quiere decir esto? Que si esa molestia te está haciendo modificar tu pisada o tu brazada o te hace pedalear de manera diferente a como lo harías normalmente, entonces debes parar inmediatamente.

Cuando sales de tu patrón preferido y buscas uno diferente para huir del dolor, no sólo estás siendo menos eficiente, sino que además pones a trabajar zonas de tu cuerpo que pueden no estar acostumbradas a ello.

Ten en cuenta que abusar de un patrón de movimiento diferente al nuestro puede ser una solución cortoplacista, pero a largo plazo las consecuencias pueden ser mucho más graves, empeorando la lesión o incluso creando alguna nueva.

Este es uno de los consejos más fáciles de ignorar, porque nadie quiere dejar un entrenamiento a medias. Pero ten claro que es mucho mejor perder 10 minutos de una sesión -o 20 si fuera necesario-, antes que seis meses por culpa de una lesión grave.

Haz algo para solucionar el problema

Las molestias en los entrenamientos son una advertencia de que hay algo que no va bien. Da igual si te ha obligado a parar o no, deberías hacer algo para que no vuelva a aparecer. Hay muchos deportistas que no le dan importancia y simplemente dejan que corran los días con la esperanza de que esa sensación incómoda desaparezca. La mayoría de las veces ese momento nunca llega. Al menos no por arte de magia.

Es por ello que deberías poner mucha atención y llevar a cabo algún cuidado si no quieres que la cosa vaya a peor. Puedes empezar desde la aplicación de hielo hasta un automasaje con foam roller. Si la molestia no es grave, estas dos intervenciones y un poco de paciencia ayudarán a acabar con ella.

Dolor de hombro
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Sin embargo, si esta táctica no te ha servido para poner fin a esas sensaciones que te impiden entrenar con normalidad, es el momento de ponerte en manos de un profesional. Eso significa que tanto si has tenido que abortar tus entrenamientos en varias ocasiones, como si no ha sido necesario pero las molestias se prolongan, el siguiente paso es visitar a tu fisioterapeuta de confianza.

Si sigues esto tres simples consejos, que básicamente se resumen en prestar atención a tus molestias y tratarlos a tiempo, "puedes evitar que se produzcan lesiones por uso excesivo a largo plazo que pueden dificultar realmente tu entrenamiento", explica Darian Silk. Por eso es importante conectar con nosotros mismos, ser autoconscientes, conocer nuestro cuerpo y sensaciones en cada momento. ¡Esto también forma parte del éxito!

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