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Sí, nadar científicamente nos da más hambre

La natación nos proporciona muchos beneficios para nuestra salud física y mental. Además de entrenar, nadar nos permite reducir el estrés del día a día, y mejora la presión arterial, la flexibilidad y reduce el riesgo de enfermedades cardíacas. La mejor forma de fortalecer nuestro sistema inmune es, sin duda, la práctica del deporte en general, donde la natación tiene un papel muy importante al no existir impacto directo con el suelo de las articulaciones.

Pero ojo, que hay mucha gente que piensa que por nadar podemos comer lo que queramos a y la hora que nos apetezca, ya que es un deporte muy duro. Aunque ya hemos hablado largo y tendido sobre la natación como el deporte que más hambre produce, gracias a un estudio realizado por la Universidad de Florida en 2005, un nuevo estudio publicado por Science Direct titulado "Un entrenamiento fuerte de natación aumenta el consumo de energía después del ejercicio en hombres y mujeres jóvenes y sanos" vuelve a confirmarlo.

El experimento: la natación nos da más hambre

En el citado estudio de Science Direct los investigadores compararon los efectos de la natación frente al ciclismo y cómo afectaba al hambre. Los resultados arrojan un argumento objetivo para poder comernos ese trozo de pizza extra después de un día duro en la piscina.

El estudio, que se puede leer en su totalidad aquí, reunió a 32 adultos sanos, todos menores de 40 años, que realizaron sesiones de natación, ciclismo o descanso, en orden aleatorio, cada sesión con un descanso de al menos cuatro días. Las sesiones de ejercicio comenzaron 90 minutos después del desayuno.

Las sesiones de natación y ciclismo se dividieron en seis intervalos, cada uno de los cuales duró ocho minutos con dos minutos de descanso entre los intervalos. Se igualó el esfuerzo de ambas sesiones de ejercicio utilizando una escala de calificación de esfuerzo percibido pidiendo a todos los participantes un nivel de ejercicio de 15 en dicha escala, que correspondía a "duro", tanto para las pruebas de natación como de ciclismo, explica el estudio.

El estudio demuestra que los participantes comieron un promedio de 142 calorías más durante la prueba de natación y también demostró que sentían que podían comer más durante la siguiente comida también. Algo que seguramente todos habíamos notado ya, pero que agradecemos a este estudio su demostración científica.

¿Por qué?

Aunque el objetivo del estudio era simplemente confirmar que la natación hace que uno tenga más hambre, la pregunta de por qué todavía no está del todo clara.

Una posible razón se relaciona con la temperatura (específicamente la pérdida de calor corporal) y la ingesta de alimentos. En temperaturas más frías, la ingesta de alimentos puede aumentar como mecanismo para generar calor corporal a través de la termogénesis relacionada con la dieta. La termogénesis es el proceso del cuerpo de utilizar la energía para producir calor corporal. A pesar de que la natación habría generado calor corporal durante nuestro experimento, la inmersión en el agua fría probablemente habría provocado una pérdida general de calor corporal.

Las investigaciones también apuntan a cambios en las señales cerebrales y en los neurotransmisores que afectan al apetito durante y después de la natación.

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