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Los premios de la vergüenza: ¿por qué el ciclismo es machista y el triatlón no?

Este fin de semana, tras 125 años de historia, por fin se celebraba la primera edición de la Paris Roubaix femenina, un exponente más de la importancia paulatina que va cogiendo entre los aficionados.

Pero, por desgracia, aún queda mucho camino por recorrer: la ganadora Lizzie Degnan, del TREK Segrafredo, se embolsa por su victoria 1.535 euros. Este importe queda muy lejos de los 30.000 que ganaría un día después Sonny Colbrelli en la prueba masculina. 28.465 euros de diferencia.

TREK Segrafredo ya informó el sábado que igualaría ambos premios, poniendo de manera interna la diferencia, pero no por ello deja de ser menos denigrante la falta de equidad entre ambos premios.

Muchas diferencias con el triatlón

Tim Heming, uno de los periodistas especializados en triatlón más relevantes del planeta, apuntaba ayer las grandes diferencias entre el ciclismo actual y el triatlón: frente a los poco más de 1.500 euros de Degnan, el salario de Lucy Charles de este último trimestre.

La británica, que ayer terminaba el Maratón de Londres en undécima posición, acumula en las últimas fechas más de 200.000 dólares en premios.

Por participar en la Collins Cup se hizo con 60.000 dólares, a los que unos días después añadía otros 50.000 gracias a su triunfo en el Campeonato del Mundo de IRONMAN 70.3.

En unos días, cuando la temporada termine, añadirá otros 100.000 gracias a su primera posición en el ranking de la PTO, en el que adelantó gracias a su victoria en St. George a Daniela Ryf.

Si bien es cierto que, como apuntaba Jaime Menéndez de Luarca, los profesionales ciclistas -tanto masculinos como femeninos- cuentan con una nómina mensual, no deja de ser significativa la gran diferencia entre Lizzie y Lucy, máxime teniendo en cuenta que en triatlón los premios son iguales tanto para chicos como para chicas.

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Foto: James Mitchell // Red Bull Content Pool

Las distancias, otra gran diferencia

A nadie, con cuarenta años de historia, se le ocurriría limitar la distancia de un IRONMAN para que las mujeres hiciesen menos kilómetros. En cambio en ciclismo, es lo habitual.

Este fin de semana, sin ir más lejos, la prueba masculina de la Paris Roubaix contaba con 257 kilómetros. La femenina, con 116, menos de la mitad, dejándose sin completar gran parte del recorrido adoquinado.

Esta decisión podría llegar a entenderse en aquellas competiciones que se celebren el mismo día, por problemas de corte de carreteras o de coincidencia entre una y otra, pero en la Paris Roubaix, en la que cada categoría tenía su día, no tiene lógica ninguna limitar el circuito femenino.

¿Os imagináis un IRONMAN con sus 226 kilómetros para los hombres, pero limitado a 160, por ejemplo, para ellas? Nosotros no, sin duda.

Cuestión de mentalidad

La gran razón, desde nuestro punto de vista, es la relativa juventud del triatlón frente al ciclismo.

No en vano cuenta con apenas cuarenta años de historia -frente a más de un siglo-, y las cosas se han visto de manera mucho más equitativa desde siempre: no ha habido azafatas, las distancias nunca han sido diferentes, y los premios han sido siempre iguales.

Una de las razones que se aduce para minorar los premios económicos femeninos en ciclismo es que es un deporte deficitario. ¿No lo es acaso en triatlón, donde la participación femenina apenas alcanza el 15% de los dorsales? Lo es, pero no por ello un organizador se plantea que sean premios menores: se incluye en el presupuesto y punto.

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