Querer abandonar es habitual: esto es lo que tienes que hacer para evitarlo
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Querer abandonar es habitual: esto es lo que tienes que hacer para evitarlo

Hace unas semanas hablábamos de la "falacia de llegada", ese sentimiento de vacío al que muchos deportistas se enfrentan tras un gran resultado. Hoy, acudiendo una vez más a Steve Magness, fundador junto a Brad Stulberg de The Growth Equation, abordamos otro sentimiento, totalmente opuesto, pero también común entre muchos atletas: el deseo de abandono.

Aunque solemos considerar a las grandes estrellas del deporte como una especie de sobrehumanos, ellos también se enfrentan a momentos de fragilidad. "Todos los corredores de élite con los que he hablado han dicho: 'Oh, sí, pienso en abandonar durante cada carrera", explica Steve Magness en un reciente artículo publicado en Science Of Running

A lo largo de investigaciones que han tenido como fruto libros como Do Hard Things: Why We Get Resilience Wrong o The Surprising Science of Real Toughness, este experto en rendimiento puedo comprobar que "el deseo de abandonar es normal". No sólo en deportistas, si no en todos los seres humanos.

"Hablé con docenas de los mejores deportistas, desde atletas hasta empresarios, pasando por científicos y artistas: Todos han tenido momentos en los que han querido tirar su manuscrito a la basura, han debatido sobre cómo librarse de la fecha de entrega que se acercaba o han soñado con tener su propio momento Jerry Maguire y dejar la empresa que ayudaban a dirigir", explica Magness.

Sabemos que el deseo de abandonar es común entre las personas. Entonces, ¿qué marca la diferencia entre aquellos que triunfan y los que se quedan por el camino? ¿Por qué algunos renuncian mientras otros persisten?

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El debate entre la persecución y la desvinculación

Aunque se ha demostrado que salir de nuestra zona de confort puede aumentar nuestra felicidad, todo es mucho más fácil cuanto toca enfrentarse a una tarea que no pone a prueba nuestros límites o que sólo produce una leve incomodidad.

Soltar unos minutos después de un entrenamiento exigente de consumo máximo de oxígeno o realizar unos estiramientos tras una dura sesión anaeróbica en la piscina supone un mínimo reto que no pone a prueba nuestros límites. "Podemos sentir un poco de resistencia, una sensación de apatía, pero es fácil de superar", dice Magness.

Esto se debe a que cuando el resultado no está en duda y todo marcha según lo previsto, la dureza que se precisa es mínima. "La decisión de persistir es fácil. Nuestro objetivo está en el centro de nuestra mente y la decisión de perseguirlo requiere poco o ningún esfuerzo".

Sin embargo, cuando la consecución de un objetivo no es tan clara, las cosas cambias. Tal y como explica Steve Magness, "nuestra persecución singular de un objetivo es sustituida por la duda" y es aquí cuando surge lo que los psicólogos denominan como "una batalla entre la persecución de un objetivo y la desvinculación del mismo".

Los seres humanos rebotamos entre estos dos lados de un mismo espectro. "Cuando la vida es fácil y estamos motivados, vivimos totalmente en el lado de la búsqueda de objetivos. Pero cuando nos enfrentamos a un reto en el que quizá no tengamos la capacidad de prevalecer, nos encontramos oscilando en el medio".

Vamos "hacia la desvinculación de la meta cuando nos sentimos especialmente perdidos o desanimados", y volvemos a buscar la consecución del objetivo "cuando tomamos una 'segundo aire' o reunimos alguna motivación olvidada".

La crisis de acción

Se conoce como crisis de acción a esa lucha entre la persistencia y el abandono que ocurre cuando, en el intento de alcanzar un objetivo, nos enfrentamos a crecientes contratiempos o desafíos.

Es una situación en la que pasamos de un estado de motivación orientada a la consecución de un objetivo, a un estado en el que persisten los pensamientos y las sensaciones negativas. El impulso del éxito se aparta a un lado para dejar paso a una negociación de abandono con nuestro yo.

Aunque a priori pueda parecer una situación negativa y perjudicial, esta crisis de miedo "es fundamental en casi todos los aspectos del rendimiento".

¿Qué ocurre en nuestra mente?

Un estudio llevado a cabo Veronika Brandstätter y Julia Schüler, psicólogas y científicas deportivas, tuvo como objeto entender los motivos que nos llevan a abandonar nuestros objetivos. La investigación descubrió que a medida que aumentaba la incomodidad también lo hacía la confianza en el análisis coste-beneficio.

Explicado de otro forma, ante una situación favorable, la mente se centra casi por completo en los beneficios de continuar. Si todo va bien, ¿por qué deberíamos pensar en posibles señales de alarma o en reevaluar la situación?

Sin embargo, cuando se llega a esa zona intermedia de la que hablábamos más arriba, "el cálculo interno cambia". Continuamos considerando los beneficios continuar, pero la mente comienza a reflexionar sobre los costes de continuar y los beneficios de terminar.

El estudio descubrió que este patrón de pensamiento se mantuvo cuando se evaluó a un grupo de jugadores de tenis de mesa suizos de categoría nacional para saber si querían continuar con su deporte o abandonarlo.

Cuando más nos adentramos en esa crisis de acción, cuando los pensamientos de abandono empiezan a rondar nuestra mente, más reparamos en la relación coste-beneficio. "El malestar lleva a las dudas, y a medida que las dudas aumentan, pasamos de una mente dirigida a un objetivo a otra que sopesa los costes de cualquier esfuerzo que hagamos".

Cómo luchar contra la crisis de acción

Steve Magness nos brinda tres estrategias para salir de este debate interno con éxito:

Establecer unas expectativas adecuadas

Definir grandes objetivos resulta, a menudo, contraproducente. De hecho, es uno de los errores más comunes a la hora de establecer objetivos. Puede servir como una fuente de motivación, pero "cuando las cosas se ponen difíciles, nuestra mente recurre a un rápido y sucio análisis de costes y beneficios".

Si nuestros objetivos son demasiado ambiciosos y parecer casi imposibles de alcanzar, "es más probable que entremos en una espiral de crisis de acción que en una de motivación". ¿Qué sentido tiene esforzarse si apenas existen probabilidades de éxito?

Date una oportunidad

Al estudiar el rendimiento de más de 5.000 estudiantes universitarios en una clase online, un grupo de investigadores encontró una curiosa tendencia: cuando los estudiantes medios eran conscientes del rendimiento de los mejores estudiantes de la clase, eran más propensos a abandonar el curso.

El alto rendimiento de sus compañeros provocó una sensación de desánimo que les hizo sentirse incapaces de estar a la altura. No tenían ninguna posibilidad.

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Foto: World Triathlon // Tommy Zaferes

Esto ocurre en todas las situaciones. Rendimos al máximo cuando estamos "en la pomada". Por eso el punto de comparación importa. "Nos va mejor cuando nuestras expectativas y objetivos están en el punto óptimo, en el que son manejables", apunta Magness.

Nuestros objetivos tienen que ser "significativos y desafiantes", pero debemos de tener una "oportunidad realista".

Encuentra la motivación adecuada

En el maratón de Boston de 2018, que tuvo lugar con un tiempo atroz, húmedo y ventoso, el 5% de los hombres abandonó, mientras que solo el 3,6% de las mujeres lo hizo. Fue esto una casualidad?

Una investigación de 2012 llevada a cabo sobre 2.500 participantes en pruebas de ciclismo de resistencia, descubrió que los hombres abandonaban las carreras con más frecuencia. El estudio concluye también que la motivación de los hombres solía estar más orientada al ego: se centraban en ganar o rendir más que sus compañeros.

Sin embargo, las mujeres tendían a tener niveles más altos de motivación intrínseca; se centraban en dar lo mejor de sí mismas, en competir por el placer de la propia actividad.

En este contexto, cuando el objetivo se volvía difícil, los hombres tenían una mayor tendencia al abandono. Las mujeres, en cambio, estaban más motivadas internamente por lo que tener un mal día no era motivo de peso suficiente como para tirar la toalla.

Magness explica que "la motivación intrínseca no sólo nos ayuda a seguir en las carreras difíciles", sino que también "está vinculada a un mejor rendimiento a largo plazo y a una disminución del agotamiento".

"Aunque podamos pensar que estar motivados únicamente por ganar es lo que nos permite rendir y persistir. En realidad es lo contrario".

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