Responder en lugar de reaccionar: la clave para superar los momentos difíciles
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Responder en lugar de reaccionar: la clave para superar los momentos difíciles

Como atletas, es habitual enfrentarnos a momentos difíciles. A veces, el estrés, la presión o la ansiedad son muy elevados. Hemos visto a atletas de la talla de Tom Doumolin o Michael Phelps pasar por momentos realmente complicados. En el mundo del triatlón, nombres como Flora Duffy o Fernando Alarza han reconocido sin tapujos haber necesitado la ayuda de un psicólogo para salir de algunas situaciones.

Steve Magness, experto en rendimiento deportivo, asegura que cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles, donde el estrés o la ansiedad son altos, "el camino a seguir es incierto". En estas circunstancias, ya sea a nivel laboral, familiar o deportivo, "cuando la incertidumbre y el estrés reinan, podemos responder o reaccionar".

Para nuestro cerebro, la mejor máquina jamás creada, la segunda opción es la mejor. "Reaccionar es rápido y sencillo. Nos empuja a la acción y a resolver la sensación de angustia o ansiedad. En los momentos de estrés, nuestro cerebro está más preocupado por resolver la sensación que tenemos delante, que por lo que pueda pasar en el futuro", explica Magness.

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Foto: James Mitchell / Red Bull Content Pool

Cuando esto ocurre, lo normal es darnos por vencidos, perder la calma, asustarnos y entrar en pánico. Actuamos rápidamente, olvidando por completo el futuro y respondiendo a una alarma que nos exige hacer algo de manera inmediata.

"Responder es diferente", afirma el autor de Peak Performance. "En lugar de acelerar, va más despacio. Es trabajar y navegar por la situación. Es sentirse ansioso y no saltar directamente a la acción o a la búsqueda de un escape".

Es por ello que al cerebro humano le encanta reaccionar, porque responder requiere trabajo. Sin embargo, "en lugar de esperar a ver qué pasa y reaccionar ante ello, las personas resilientes son proactivas", comenta Steve Magness.

Esta capacidad de respuesta es una de las claves para hacer frente a los desafíos y lograr el éxito a largo plazo. De la mano del creador de The Growth Equation veamos algunas lecciones y reflexiones que pueden enseñarnos a responder, en vez de reaccionar.

Aprender a responder

Aunque en nuestro día a día encontramos muchos mensajes que, de algún modo, nos dicen que debemos ir más despacio, cuando nos encontramos en plena faena, pensar en hacer una pausa u observar a menudo no es realista.

Esto se debe a que "tu cerebro se dirige hacia un ataque de locura y a menudo tienes unos pocos segundos para detenerte antes de entrar en una espiral".

Magness explica que debemos desarrollar las herramientas necesarias para sacar a nuestro cerebro de esa espiral. De ese modo, podremos aprender a responder.

Las últimas investigaciones en psicología muestra qué ocurre cuando tomamos el camino de la reacción. Por un lado, nuestro mundo se estrecha. "Nos encerramos en la "cosa" que causa la ansiedad. Desviamos toda nuestra atención hacia ella, los sentimientos y las emociones que la acompañan nos consumen y perdemos toda perspectiva", comenta Magness.

Por otro lado, se desencadena una batalla entre las áreas de nuestro cerebro que se encargan de procesar la información sensorial y el control cognitivo, y las que detectan y responden a las amenazas. "Cuando nos dirigimos a reaccionar, nuestras áreas de control cognitivo se desconectan, y nuestras áreas de detección de amenazas se ponen en marcha".

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Foto: Youtube // Super League Triathlon

Es decir, al encerrarnos en algo que nos causa estrés o coacción, nuestro cerebro recibe el mensaje de prestar más atención a la amenaza, y olvidarse del control. Para superar este reto, la clave reside en la batalla entre la rapidez de acción y la ralentización para poder asimilar y considerar la información.

"Una de las formas más eficaces de ayudarnos a navegar por el estrés y la incertidumbre, de responder en lugar de reaccionar, es lo que yo llamo ampliar", explica uno de los expertos en rendimiento más prestigiosos del mundo.

"Ampliar cuando estamos atascados en lo estrecho, mantiene nuestra área de control cognitivo de nuestro cerebro en línea, y nuestros niveles de estrés lo suficientemente bajos como para que podamos encontrar con calma y frialdad el mejor camino a seguir".

¿Y cómo podemos conseguirlo? Estas son las estrategias de Steve Magness:

Alejar la atención

"Cuando arrastramos nuestra atención y enfoque fuera de lo estrecho, nuestra cognición nos sigue". Es decir, si somos capaces de ampliar nuestra perspectiva, nuestro cerebro hará lo mismo. "Dejará de ver el aquí y ahora, la ansiedad que sientes o las acciones que realizas como el único camino".

Alejar la atención nos permite observas otras posibilidades. ¿Cómo lo hacemos? Alejando el zoom.

Zoom visual

Al reaccionar, el foco de atención se bloquea en la situación en cuestión. Para contrarrestarlo podemos adoptar una mirada suave o una visión panorámica. "Ambas se basan en desplazar nuestra atención a la periferia. De ver toda la escena, en lugar de la única planta que tenemos delante", comenta Magness.

La ciencia ha demostrado que entrar en el modo panorámico produce calma y consigue que los niveles de estrés bajen. Por el contrario, "dirigir nuestra atención a un elemento singular, aumenta la excitación fisiológica. Amplía tu visión para frenar el mundo y tu caos interior".

Zoom cognitivo

Cuando nos centramos en algo, no sólo se atasca nuestra atención, sino también nuestro pensamiento. Después de una error en competición, nuestra mente se aferra a él y no podemos dejarlo pasar.

Se ha demostrado que, cuando esto sucede, "incluso nuestras respuestas a preguntas sencillas se ven limitadas". La capacidad creativa es nula y los de los estudios responden con respuestas obvias.

"Pensar en lo raro o inusual amplía nuestro pensamiento", y eso modifica también nuestra "conciencia y creatividad. Si te encuentras reaccionando, piensa en cosas raras".

Zoom lingüístico

El autosabotaje también es un gran enemigo. "La forma en que nos hablamos a nosotros mismos también puede influir en que nos quedemos estancados y reaccionemos o seamos capaces de ampliar", explica Steve Magness.

"Los investigadores han descubierto que cuando cambiamos a la tercera persona ("¡Lo tiene!") somos capaces de autodistanciarnos", apunta el experto. "Las investigaciones demuestran que la autoconversación distanciada conduce a una mejor búsqueda de objetivos y a una menor reactividad emocional. Ayuda a crear espacio, a alejarnos, para que podamos ocuparnos del asunto".

Zoom temporal

Cuando reaccionamos, tendemos a quedarnos atrapados en el aquí y el ahora. "Eso puede ser beneficioso, pero también puede hacer que nos indexemos demasiado en nuestros sentimientos actuales, y que infravaloremos cómo nuestras decisiones afectarán al futuro", dice Steve Magness.

Para evitar esto, podemos imaginar el futuro. Piensa en cómo te sentirás cuando cruces la línea de meta o cuando acabes el entrenamiento con el que estás lidiando. "Cambiar el marco temporal nos permite mirar nuestra experiencia actual con una lente diferente. Uno de perspectiva".

"Responder es difícil porque requiere un esfuerzo. Cuando nos enfrentamos al estrés y a la incertidumbre, la opción fácil suele ser la que tenemos delante. Comer la chocolatina en lugar de cocinar las verduras".

Lo fácil es reaccionar, casi siempre lo hacemos por defecto. Sin embargo, hay una buena noticia y es que "cuanto más practiques el alejamiento, más fácil te resultará cambiar tu camino por defecto".

Acabas aprendiendo a retrasar el salto directo hacia la reacción, haciendo una pausa porque tu cerebro ha aprendido a mantener tu controlador racional y cognitivo en línea, en lugar de encerrarse en la supuesta amenaza que tienes delante.

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