Foto: ITU Media // Tommy Zaferes
Salud y Nutrición / ¿Por qué necesitamos sufrir haciendo deporte?

¿Por qué necesitamos sufrir haciendo deporte?

Posiblemente, en cualquier entrenamiento que te haya desbocado las pulsaciones, te hayas hecho una pregunta similar.

Y si no es ésta en concreto, será del tipo 'qué necesidad tengo', 'quién me mandará a mí meterme en fregados así' o 'qué se me ha perdido a mí aquí con lo bien que estaría en el sofá'.

Hace un tiempo María Puig, en un extenso artículo, nos hablaba de cómo afecta a nuestro cerebro el deporte: reducción del estrés, mitigación de la demencia, efectos antidepresivos...

Pero hay que pagar un precio, y es ese sufrimiento que determinados entrenamientos llegan a provocarnos; podríamos incluso caer en el error de autodenominarnos masoquistas.

No es cierto, sin embargo. Este sufrimiento deportivo nada tiene que ver con la actitud de una persona que busca el placer a través del sufrimiento psicológico en forma de humillación y/o dolor físico que se inflige a sí mismo o a través de otra persona.

¿Cómo afecta hacer deporte?

Hacer deporte implica esfuerzo a varios niveles: el físico y el psicológico.

Ese sufrimiento físico en el que le exigimos a nuestro cuerpo más, puede llegar a niveles altos e incluso al dolor.

Un estudio elaborado por un equipo de neurocientíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) utilizando técnicas de neuroimagen (optogenética), demostró que la amígdala basolateral (asociada al dolor y al miedo) y el núcleo accumbens (asociado a los sentimientos de placer y recompensa) están interconectados.

De esta manera podemos entender como ese sufrimiento tiene un componente neurológico de placer.

De manera que no se convierte en una sensación insoportable, que no se quiera volver a repetir nunca más. Todo lo contrario, hay una creación de dopamina que "engancha" y crea una cierta "adicción".

Además tenemos el componente neuroquímico que producen las endorfinas (péptidos derivados de un precursor producido en la hipófisis) que se estimulan cuando hacemos deporte.

También se da en otras situaciones, como cuando reímos, tenemos relaciones sexuales satisfactorias, estamos en contacto con la naturaleza, cuando nos dan un masaje, cuando disfrutamos de una comida que nos gusta, cuando hacemos algo por los demás, etc.

Jan Frodeno ironman agua running
Foto: Flickr // Bahrain Endurance 13

El subidón del runner

Pero no son solo las endorfinas las que hacen que disfrutemos y queramos más, pese al sufrimiento de algunas sesiones.

Otro estudio, llevado a cabo por la Facultad de Medicina de la Universidad de Heidelberg en Alemania, demostró que aparte de los niveles elevados de endorfinas, el deporte provocaba un incremento de los niveles de endocannabinoides.

Además, en el estudio se observó que los ratones utilizados tenían una mayor tolerancia al dolor, reducían su ansiedad y estaban más tranquilos después de correr.

Esto es lo que tradicionalmente se conoce como el subidón del runner.

Otros beneficios de las endorfinas

Pero los beneficios de las endorfinas no sólo son de bienestar también:

  • Fortalecen el sistema inmune.
  • Modulan el apetito.
  • Facilitan la liberación de las hormonas sexuales, responsables del deseo sexual.
  • Producen sensación de placer ante situaciones agradables.
  • Provocan un efecto sedante similar al de la morfina en caso de dolor por un traumatismo.

Por último a nivel psicológico el sufrimiento que puede producir la práctica del deporte tiene una consecuencia inmediata: la superación personal, y esto es una gran satisfacción que los deportistas conocen bien. Es decir, es un refuerzo positivo en sí mismo.

No engancha el sufrimiento sino el placer posterior inmediato de satisfacción que produce el esfuerzo superado y el reto conseguido. Los deportistas no son masoquistas, son grandes hedonistas.

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