Los larga distancia más duros de Europa
Foto: Flickr // Norseman
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Los larga distancia más duros de Europa

Reconozcamos una cosa: estamos todos medio enfermos y no tenemos suficiente con las pruebas de larga distancia en España que queremos, aunque sea solo para soñar con ello en las noches de insomnio, la doble pirueta con tirabuzón: la prueba de larga distancia más dura, con mayor desnivel de bicicleta, con más frío en el agua, con francotiradores adosados a los laterales de la carretera lanzándonos dardos mientras hacemos el tramo de carrera a pie... Queremos el summum del larga distancia, tirarnos quince horas sufriendo como perras para luego contárselo a todos nuestros vecinos y cuñados y subir las fotos a facebook y que te pongan me gusta a cascoporro.

La cosa es que llevo meses diciendo "tengo que hacer este post, tengo que hacer este post, tengo que hacer este post", y os juro que lo empiezo, y entonces resulta que salta una notificación de facebook y luego una de twitter y luego me da por mirar pulsómetros baratos y entonces miro whatsapp y después me doy cuenta de que me queda una vida en el Candy Crush y me entra hambre y me levanto al frigorífico... Total, que siempre, por una razón u otra, lo dejo sin hacer.

Pero de hoy no pasa.

Me he limitado a escoger cinco pruebas, que ya son más que suficientes. Cuatro de ellas tienen un desnivel entre las tres disciplinas superior a los 5.000 metros. La otra sólo 3.500. Mucho más fácil, dónde va a parar.

Aparte, alguna tiene el acicate de que nadas en aguas casi heladas o alcanzas la meta a alturas en las que el oxígeno empieza a faltar. Todo lo que haga falta para puñetear más al respetable.

Norseman - el ironman de Noruega

El tramo de agua tiene lugar en un fiordo, a unos quince grados de temperatura, y en su propia web te venden la moto de que puedes nadar entre orcas, a oscuras (porque en estas pruebas, dado que te vas a tirar quince horas, se empieza siempre de noche), tras haberte tirado a lo loco desde un ferry. Brutal.

Tiene una particularidad: solo unos pocos afortunados pueden acabar la prueba, porque dado que acaba en lo alto de una montaña, se cierra el camino que llega arriba del todo a una determinada hora. Esos pocos afortunados conseguirán su camiseta blanca de finishers. El resto, los que se queden en la segunda meta, se tendrán que conformar con otra camiseta: negra.

Celtman

De las cinco pruebas, la más sencilla: dos mil metros de desnivel en la bicicleta, y otros mil quinientos en el tramo de carrera a pie. Un pim pam para una mañana de domingo. Agota dorsales, así que algo debe de tener.

Los organizadores son los mismos que los del Swissman, y dado que hay lotería, puedes apuntarte a ambos esperando tener la suerte de conseguir plaza en uno de los dos. Y luego explicarle a tu pareja que te vas a tirar no se cuántos meses preparando una prueba de este tipo.

Swissman

El hermano mayor del Celtman. 3.800 metros de desnivel en la bicicleta y otros 1.500 en la carrera. También hay lotería para entrar. Si digo la verdad, de los cinco es el que menos me llama la atención. Y es raro, porque últimamente a todo el mundo le encanta ir a Suiza...

Altriman - el ironman de los Pirineos

Yo ya conté mi experiencia el año pasado en el Half Altriman. Si yo, que hice la mitad, sufrí como una perra, ¿cuánto sufrirán los que hagan el entero? No me lo quiero ni imaginar: 4.600 metros de desnivel positivo en la bicicleta en plenos Pirineos, con tráfico abierto, más otros 600 en la carrera a pie... ¿Lo bueno? La inscripción son apenas 200 euros justos. Tiradérrimo.

Embrunman - el ironman de los Alpes

Cinco victorias consecutivas de Marcel Zamora y el último ironman de Miquel Morales (por cierto, Miquel, acabo de ver que el .cat está libre, #nodigonada). En 2014,  el último en cruzar la meta lo hizo en 18h25', así que la cosa debe ser como para atarse bien los machos, con sus 3.800 metros de subida en el tramo de bicicleta, ascensión al Col d'Izoard (2.360 metros de altura) incluida.

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El Astromad cambia de nombre y de recorrido. El medio ironman de la provincia de Madrid, que a partir de ahora pasa a llamarse Triaroc, se traslada. Según comentaron hace unos días en su página de facebook, dejan atrás las antenas de Robledo de Chavela para meterse de lleno en Rocoso de la Pedriza. Si hasta ahora bordeabas el pantano y tirabas dirección Colmenar Viejo, ahora se tira dirección Soto del Real, dándole tres vueltas a un recorrido de unos 15 kms de ida, 15 de vuelta con un desnivel acumulado de unos 500 metros. Es decir, casi plano. Lo que Miquel Morales llamaría una tachuela. Triaroc, un nuevo ironman en Madrid

Aparte cambia de fechas, porque si el año pasado tuvo lugar a finales de junio, en esta primera edición han escogido el domingo 31 de mayo. El precio, 80 euros inscribiéndose antes de final de año. Os dejo recorrido de la bicicleta hecho en ridewithgps, para que meditéis seriamente al respecto (en el rincón de pensar).

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El sábado pasado fue mi último entrenamiento "duro" de preparación para el ironman: 150 kms de bicicleta y transición de 15 kms a carrera a pie. Salí de casa a las siete menos cuarto dirección Cerdanyola, di tres vueltas al circuito del parque tecnológico -dieciocho kilómetros- y me junté con la gente del club dirección Carretera de la Roca. Ellos iban a subir el Farell, y en teoría yo iba a ir con ellos. El tema está en que el viernes por la noche me di cuenta de los problemas que me está dando el plato pequeño, y dado que era una tirada larga que tenía que hacer sí o sí, decidí entrenar en plano. En el desvío de Sant Fost, aprovechando que Miquel tiraba para Parpers, me fui con él.

Había desayunado bien y llevaba dos barritas. a las que no estaba acostumbrado y que cada una de ellas sólo tenía 80 calorías. En casa dudé si era poco, pero pensé que la pieza de fruta, el vaso de leche y el muesli me servían para tirar las primeras dos horas, y que luego una barrita en cada hora sería más que suficiente. La realidad volvió a darme un buen tortazo y a la cuarta hora ya apenas tenía fuerzas para pedalear. Terminé haciendo 136 kilómetros arrastrándome. Me faltaba la cestita de paseo.

Así que como no quiero que de aquí en diez días me pase lo mismo, he decidido marcar los momentos exactos en los que tengo que alimentarme.

Desayuno previo:

Salgo a las 8.47h. Así que tengo que estar desayunando a las cinco y media de la mañana. Hasta ahora (por ejemplo, Altriman) desayunaba leche y bollería, sin preocuparme demasiado, pero esta vez vamos a ir a lo seguro: bocadillo integral con queso desnatado, rúcula y tomate, yogur desnatado y zumo de naranja.

A lo largo de las dos siguientes horas, un bidón de bebida isotónica, y media hora antes de empezar, un gel con agua.

Tramo de bicicleta:

En otras competiciones me ha costado alimentarme. Si me encuentro bien y voy rápido, porque decido que como me encuentro fino, ya me alimentaré después. Si voy mal, porque no quiero encima cebarme y que me siente mal.

Así que en esta ocasión voy a poner una alarma en el reloj para cada media hora ingerir media barrita energética. He escogido las powerbar energize, tanto las de chocolate, como las de plátano y las de fresa. Estas últimas las probé en la salida del domingo (100kms) y me gustaron de sabor.

Media barrita energética tiene 101 calorías, lo que supone, suponiendo que voy a estar seis horas pedaleando, unas 1.200 calorías. Teniendo en cuenta que el sábado, en 136 kms perdí 2.000 calorías, aún tendré déficit, con lo que en los avituallamientos, pararé a coger trozos de plátano.

En cuanto a bebida, dos bidones: uno de agua y otro de isotónica para beber cada quince minutos, alternando. Dado que las barritas son cada media hora, beberé la isotónica a los cuartos y la barrita y el agua a las medias.

Aparte, cada hora, y ya que voy a sudar bastante, una cápsula de sales.

Tramo de carrera a pie:

Estoy dudando bastante con los geles. En Rioseco terminé con retortijones, y tengo miedo de que me ocurre lo mismo. Raúl Caroz me comentaba el otro día en el entrenamiento del club que él no tiró de ellos. Que se fue a las piezas de fruta y a la cocacola. Y pienso que la cocacola en las dos últimas pruebas en que la he probado -Logroño y Altriman- me sentó bien, y la verdad, no sé.

Supongo que al final me rajaré -como Escocia- e iré a lo seguro: gel sabor manzana ácida en los kilómetros 9, 18, 27 y 36. Complementario el 4  y reintegro el 6.

Cada gel tiene 107 calorías, así que estamos hablando de 450 calorías. Sigue habiendo déficit, con lo que sí, quizás tenga que ir echando mano de los trozos de naranja, golosinas y frutos secos del camino...

Al acabar:

Que me vayan preparando la bandeja de donuts de chocolate...

Por curiosidad, me pesaré nada más levantarme, y me pesaré nada más acabar (voy a ser ese freak que va a meter en la bolsa blanca una báscula, sí). Si es cierto que son unas ocho mil calorías (y cuadra más o menos con mis cálculos), y el déficit es de más o menos la mitad, puedo perder casi cuatro kilos. Para flipar.

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¿Está ya el calendario de triatlón de 2015? ¿Qué competiciones hago el año próximo? ¿Enfoco la preparación para hacer un ironman a principio de temporada o para hacerlo a finales? ¿Cuánto pastizal voy a dejarme por el camino? ¿Cómo hacer que el arroz no se pase? Todos, a lo largo del año, nos hemos hecho preguntas de este tipo, y quién más quién menos por estas fechas ya empieza a pensar en la temporada próxima.

Yo estoy así. Lo reconozco. Pese a aún no haber competido en ningún LD, ya tengo puesta la vista en 2015 y trato de organizarme. Lo que viene siendo vender la piel del oso antes de cazarlo, lo sé.

El tema es que tampoco hay muchas opciones -a no ser que te dé igual viajar al extranjero- entre las que escoger: Ahora mismo se organizan en España nueve largas distancias.  Tres de ellas de la franquicia Ironman, lo que supone dejarte una buena panoja en el dorsal. El resto, más accesibles:

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* ICAN Gandia celebra su primera edición en 2014, y aún no está confirmada su celebración para 2015.

Actualización 24 de diciembre: Incorporo Pure Triatlón y Triatlón Madrid KM0, que ya tienen fecha...

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Cuando @juditizquierdo y yo empezamos a planificar las vacaciones de este año, reconozco que tenía un pensamiento principal en la cabeza: ¿y nadar? ¿y pedalear? vas a ver tú como se me jode la preparación del ironman. "Afortunadamente" al final sólo son cuatro días y el lunes ya estaré metido en el agua. Y el martes pedaleando por Collserola.

Y estos cuatro días pues carrera a pie a saco, queriendo y sin querer. Ayer tenía que hacer un 7x1000 para acumular cansancio para hoy, pero terminaron siendo eso y otros veintiún kms andando por la ciudad, con once kms incluidos de montaña, subiendo Fløyen, perdiéndonos (por mucho que mi cuñado no lo quiera reconocer) y bajando el kilómetro vertical de Stoltzekleiven (37% de desnivel en 700 metros de distancia), tramo que me dejó las piernas completamente del revés.

Al llegar a casa, los tres estábamos baldados.

Así que sí, tenía cansancio acumulado para hoy... Que me esperaban treinta kilómetros de risa. Y en ayunas, para más inri. He salido de casa con la intención de ir acumulando kilómetros, sin fijarme ni en las pulsaciones ni en el tiempo. Los primeros cinco kilómetros, por el carril bici dirección al aeropuerto, han sido bastante aburridos, la verdad. Mucha bici (de carretera, me ha sorprendido) y bastante tráfico. A la vuelta, he tirado para Ulriken. No con intención de subirlo (acojona solo de mirar hacia arriba), pero sí de encontrar el puto funicular, que ayer nos tiramos cuarenta minutos buscándolo sin encontrarlo.

Entrenamiento por Bergen

De ahí he tirado para Store Lungegardsvannet, el "lago" donde entrena mi cuñado cuando sale a correr. He dado dos vueltas, casi seis kilómetros, que se me han pasado rápido porque la verdad, había bastante gente corriendo (básicamente féminas nórdicas muy muy rubias; oye, todo suma) y las vistas son espectaculares. Al acabar la segunda vuelta llevaba hora y media y 16'8kms. Para una media maratón o para un maratón un ritmo lamentable, lo reconozco, pero teniendo en cuenta que estaba corriendo pensando en el ironman, estaba agusto.

Entrenamiento por Bergen

Entonces, como me veía bien, he decidido hacer un poco el cabra loca y tirar para Fløyen, incorporando un rato de subida al entrenamiento. Me quedaban trece kms por delante y la verdad, correr por plano y por ciudad, con sus coches, sus semáforos y sus pasos de cebra, es un poco aburrido.

Así que he llegado al Fløbanen justo en el km 20. Me he tomado el segundo gel, y he tirado para arriba, con calma. Había poca gente en la subida, poco ruido y aunque lento, he disfrutado corriendo. He llegado arriba con la lengua fuera, con los pulmones en la garganta y chorreando. Tras las fotos de rigor, he continuado dirección a Tundemannen, aún a sabiendas de que no me iba a dar tiempo a llegar a la cima. En el km 24,75 he dado la vuelta.

Entrenamiento por Bergen

Entrenamiento por Bergen

De la bajada poco que decir: técnica, tratando de pisar con los talones lo menos posible, y relajación. Ayer en el sofá, tras cenar pensaba que hoy no hacía los treinta kilómetros ni de coña.

Pero sí, los he hecho.

Esta tarde cinco horas de autobús hasta Stavanger y mañana subida al Pleikestonen. Telita.

 

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-Y estás diciendo, que aún me quedarían otros sesenta kilómetros a este ritmo, y luego una maratón?

-Correcto.

Esta conversación tuvo lugar ayer, a eso de las doce del mediodía, en un parking de El Masnou. Xavi Mimoso y yo estábamos apoyados en el maletero de su coche, exhaustos, después de 120 kilómetros por la NII. Para mí era la primera vez que pasaba de 100 kms entrenando. Para él, la segunda o la tercera. Y quedan menos de dos meses para el Ironman de Barcelona y he de reconocer que tengo algo de vértigo ante la idea de que no esté preparado para tales niveles de exigencia.

Esta semana en teoría era dura en cuanto a carga de entrenamiento, casi quince horas, pero el lunes mismo le tuve que pedir a Txema que aflojásemos: tenía las piernas del revés tras un fin de semana intenso tanto con la bici como con los ejercicios de técnica de carrera. Lo cual da que pensar. Estamos en el bloque duro de la preparación del ironman y me desborda. ¿Acaso no estaré aún preparado para acumular estos volúmenes?

Me paso el día pensando en el ironman, disfrutándolo, deseando que llegue la hora de entrenar, pero luego la realidad me descubre que mi cuerpo va a un ritmo inferior que mi cabeza y la realidad me pone en mi sitio.

Hoy estoy descansado, me espera una subida al Forat del Vent y 18 kms de carrera a pie después. Tengo ganas de empezar, de ir con la lengua fuera, romper a sudar y terminar con las pulsaciones a tope al llegar a casa, y sé que lo haré y que al acabar pensaré que tengo cuerpo para hacer otros siete kilómetros. Muchas veces recuerdo lo que Albert Caballero cuenta de Miquel Blanchart y su necesidad de acumular entrenamientos pantagruélicos para estar tranquilo, y creo que -salvando las distancias, claro- soy del mismo palo. Necesito tener la seguridad de saber que puedo asumir la distancia, porque ya he hecho la distancia. Y sé que es imposible e incluso contraproducente, pero mi cabeza me pide entrenamientos de larga distancia en mi zona de confort. Porque sé que al fin y al cabo todos podemos tirar en Z2 todo el tiempo que haga falta. Eso es lo fácil. Lo complicado (y lo bueno para el entrenamiento), son esos momentos en Z4 que me rompen las piernas...

Y en esas estoy, en una lucha conmigo mismo, viendo pasar los días y acercarse el 5 de octubre. La semana que viene llega el Media Distancia de Medina de Rioseco. Soy consciente de que lo voy a hacer bien y bajar de manera sustancial las 5h49' de Calella (porque la bicicleta es plana, principalmente), pero después, ¿qué? Tengo una semana de vacaciones en Valladolid en la que podré dedicarme a entrenar todo el día, en los volúmenes que toquen. No tengo otra cosa que hacer. La siguiente semana el triatlón de Capillas el viernes y el olímpico de Lantadilla el sábado. Y el domingo espero que tirada larga de bicicleta.

Después Noruega donde espero hacer algo más que correr por las montañas. Algo inventaré. Y nos plantamos en septiembre. Y se acaba el tiempo...

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Siempre he imaginado a los corredores de El país de las últimas cosas de Auster como tipos arrugados, con zapatillas viejas, con calcetines blancos de mercadillo, con pantalones cortos demasiado grandes y camisetas sucias y roídas que corren porque sí, porque no hay otra cosa que hacer, que sudan, que tropiezan, que se caen, que se levantan lentamente y comienzan a correr de nuevo sin acelerar el ritmo, dejando que el grupo se aleje, se pierda, para terminar trotando en la más absoluta soledad mientras anochece, mientras pasan las horas.

Siempre he imaginado a los corredores de El país de las últimas cosas de Auster como la viva estampa de cualquier personaje expatriado de una viñeta de Tony Moore, zombies que no tienen muy claro porqué hacen las cosas, que simplemente las hacen, porque una fuerza superior, común a todos ellos, les obliga a hacerlo: correr. Que un día se despertaron en un mundo al que no tenían muy claro que debiesen pertenecer, que se calzaron las primeras zapatillas que encontraron olvidadas en un armario, salieron a la calle y se pusieron a correr sin rumbo marcado.

Siempre he imaginado a los corredores de El país de las últimas cosas de Auster corriendo en silencio, sin hablar, sin quejarse, sin interactuar los unos con los otros. Así salieron de casa y así caerán al suelo, como cartujos modernos, en un voto de silencio autoimpuesto que evita distracciones y el consumo superfluo de energía: lo importante es avanzar un paso más, un metro más, una calle, una carretera, un kilómetro más hasta que las piernas se paren, se doblen las rodillas, se tumben en decúbito prono y no vuelvan a levantarse. Jamás.

El sábado pasado, en el Altriman, subiendo la infausta recta que nos despedía de Carcanières, me acordé de los corredores de El país de las últimas cosas de Auster. A lo largo de esa recta inacabable, a lo largo de esos cinco minutos infinitos, pude palpar el silencio sintiéndome uno de ellos. Ni anuncios de fujitsu ni hostias. El silencio estaba allí: En el dolor de cada uno de los que por allí pasábamos, en cada pedalada, en cada gota de sudor que rebotaba contra el manillar y acababa en la calzada, esa que nos saludaba con una frase de Oscar Wilde -folies sont les seules choses que l'om ne regretté jamais- y de la que ni nos despedíamos porque estábamos preocupados simplemente por avanzar, por llegar arriba, por volver a poner plato grande y piñón pequeño, por descansar las piernas y borrar la sensación de que las piernas estaban a punto de explotar. No hay nadie para animarte. Tus compañeros de club van por delante y por detrás, por suerte o por desgracia casi nunca se dan los condicionantes para que en estos momentos duros, en los que las pasas más que putas, coincidan contigo en el espacio tiempo. Tu familia está en meta, esperando pacientemente. Incluso los que pedalean a tu lado, venidos de Albacete, de Perpignan, de Monforte de Lemos, van a lo suyo. En silencio, pensando exactamente lo mismo que tú: que se acabe la jodida rampa.

Y es que, en el fondo, la gran mayoría del tiempo nadamos y pedaleamos y corremos en silencio. Envueltos en nuestros pensamientos. Cada uno con nuestro motivo, inmersos en la lucha contra las ganas de abandonar de hace media hora, contra las ganas de abandonar de ahora mismo, contra las ganas de abandonar de dentro de veinte minutos cuando se acabe el descenso y comience un nuevo tramo de subida, contra las preguntas sin respuesta, quién coños me mandará, qué hago aquí, contra las negaciones, no vuelvo a hacerlo, no puedo más. Y no solo en las competiciones. La gran mayoría del tiempo nadamos y pedaleamos y corremos en silencio: en los entrenamientos matutinos, cuando nos despertamos antes de que amanezca y tratamos de no hacer ruido, de no despertar a nuestras parejas, cuando nos vestimos lo hacemos en silencio, salimos a entrenar en silencio, recorremos las calles que despiertan en silencio. Luego vamos al trabajo y nos absorbe la rutina de las llamadas de teléfono, de las reuniones, del metro, de los whatsapps, de escuchar la misma emisora en la radio. Hasta que llega la tarde y nos desprendemos del traje, la camisa y la corbata y nos calzamos el gorro y el bañador, el maillot o las zapatillas y volvemos a nadar, pedalear y correr en silencio.

Nos une el común denominador de pasar gran tiempo callados, barruntando sobre el trabajo, sobre el entrenamiento, sobre esa pequeña punzada de dolor que notamos en el isquio izquierdo y que nos preocupa desde hace dos semanas, sobre la próxima competición, controlando las pulsaciones, adelantando mentalmente el trazado del próximo kilómetro, de la próxima brazada, de la próxima pedalada. Haciendo sólo dos ruidos: el de nuestra respiración al inspirar y al exhalar, y el de nuestras zapatillas al rozar contra el suelo.

Exactamente igual que los corredores de El país de las últimas cosas de Auster. Porque en el fondo somos un poco como ellos.

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La semana post accidente ha sido realmente dura. Frustración a tope, sin poder entrenar ni competir. Toda la semana con los puntos, con antibióticos y calmantes, y con la prohibición expresa de no hacer nada de esfuerzo hasta, como mínimo el viernes. Así que nada de preparación para el ironman. Simplemente, intentar no perder forma y no subirse por las paredes.

Lunes:

Tenía que ser: Descanso.

Fue: Descanso.

Martes:

Tenía que ser: Natación (500 calentamiento, 8×50 de técnica, 4×200 con 20″ de descanso, 6×100 con 15″ de descanso, 8×50 de técnica y 300 de vuelta a la calma) + Carrera a pie (45' en Z2, con 3x3 en Z4 a los 10', con 1' a trote)

Fue: Descanso.

Miércoles:

Tenía que ser: Bicicleta (45′ en Z2) + Transición rápida + Carrera a pie (15′ en Z2).

Fue: 50' de bicicleta estática rollo abuelo, mientras leía, sin sudar ni esforzarme lo más mínimo.

Jueves:

Tenía que ser: Natación (500 calentamiento, 8×50 de técnica, 16×25 con 10″ de descanso, 600 con pull-buoy, 16×25 con 10″ de descanso, 8×50 de técnica y 300 de vuelta a la calma ) + Bicicleta (1h en Z2 con 2x5′ en Z4 con 3' de pedaleo a los 15')

Fue: 25' de carrera a pie en cinta.

Viernes:

Tenía que ser: Tenía que ser: Natación (500 de calentamiento, 8×50 de técnica, 10×250 on 15″ de descanso, 4×100 con 20″ de descanso, 10×250 con 15″ de descanso, 8×50 de técnica y 300 de vuelta a la calma) + Carrera a pie (1h en Z2 con 5' en Z4 a partir de los 45′)

Fue: Carrera de montaña con Mimoso. Fuimos a Collserola y nos salieron 13kms en 1h20'. El jueves, corriendo en la cinta me noté dolores en el menisco derecho, que se incrementaron en pendiente. Pese a todo, me vi bien.

Sábado:

Tenía que ser: Bicicleta (3h en Z2 con 5' en Z4 a las 2h50') + Transición rápida + Carrera a pie (30' en Z2)

Fue: 45' de carrera a pie + pesas.

Domingo:

Tenía que ser: Bicicleta (30' en Z1, a 100rpm) + Carrera a pie (1h15' entre Z1 y Z2)

Fue: 2h de carrera a pie. Fui lento y acabé bastante desfondado. Al final me salieron 22'5 kms, subiendo a Ronda de Dalt, bajando por Diagonal y volviendo por C/ Valencia. Tenía agujetas de la montaña del sábado.

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¡Mamá, ya soy finisher!

Estoy tumbado en la cama mientras escribo. Tengo una ampolla cojonuda bajo el dedo gordo del pie izquierdo y un par de heridas de guerra, chapa y pintura, que harán que esta semana me queje al entrenar. Me siento cansado y con dolor muscular, pero mucho mejor que, por ejemplo, en mi primer maratón.

Reconozco que he sufrido, que he sufrido mucho, que en varios momentos he pensado que no sería capaz de acabar. En no pocas ocasiones me he visualizado parándome, sentándome en el arcén a esperar el coche escoba, o en un banco junto a la playa en el tramo a pie. He mascado el fracaso, el dolor, la frustración. Y es que sí: pensaba que iba a ser más fácil, iluso de mí, y quizás por todo ello me siento más orgulloso de mi mismo. Si es cierto lo de no pain, no gain, hoy tengo recompensa para dar y tomar.

Y el tema es que tampoco puedo decir que haya ido mal, en absoluto. Miro los parciales y no son malos (tampoco buenos, eh, son normales), no he flaqueado en ningún momento, pero como le contaba a @juditizquierdo volviendo a casa, lo peor de todo es la sensación de sufrimiento constante: nadando por las patadas, los tragos de agua y la desubiación; en la bicicleta por la distancia, la pendiente, el controlar las pulsaciones (y otros menesteres que contaré más adelante); y en la carrera a pie por el viento y el cansancio muscular.

Ahora se abre el debate. Quedan veinte semanas para el Ironman. ¿Podemos intentarlo, o es demasiado pronto? Me voy a dar cinco semanas de entrenamiento, que incluirán el media distancia de Banyoles. En función de como termine este tramo de temporada, decidiré. Spoilers: en el km 40 de la bicicleta la respuesta a esta pregunta era un no como una casa. Ahora mismo es un 'pse, ya veremos'.

Ironman 70.3 Barccelona 2014

En fin. Me he despertado a las cuatro y diez (que cantara Aute). Me he pesado, por curiosidad. 67kgs justos. He desayunado siguiendo las pautas de Sandra: vaso de leche con cereales, plátano, un par de galletas sin azúcares añadidos y medio litro de agua con bicarbonato (puag). Tenía ya preparado el material, así que a las cinco menos veinte estaba en el coche. He aparcado fácil (extrañamente) y a las seis menos veinte ya estaba con las manos en los bolsos. He ido dando un paseo tranquilamente hasta la zona de salida de la natación/meta, viendo amanecer.

Tras dos visitas a la zona de servicios, a las siete menos cuarto me puesto el neopreno, dejado la bolsa blanca, y pegado un baño para aclimatarme. El agua estaba bien de temperatura y no había ni una ola: una piscina salada. He visto a los pros salir esprintando para entrar en el agua, y me he colocado con los de mi categoría, que teníamos el bocinazo a las 07.15h. Éramos 320. Me he colocado a la derecha, pero en segunda fila. Tendría que haberme echado para atrás, pero he pensado que tampoco era tan importante. Hemos arrancado, y no sé muy bien cómo, he empezado a llevarme hostias de todos los lados. Mi ritmo no era como el de los demás (al girar la boya de los 200mts ya estaba de los últimos de mi categoría, creo) y me han crujido a patadas y manotazos. He tragado cuatro o cinco veces agua. Me he apartado a la derecha, so pena de hacer más distancia, y he ido haciendo. He decidido no mirar en ningún momento el reloj para no agobiarme. Chino chano, he llegado a la boya de los 1.700. Enfilamos a la izquierda dirección a la playa. Me han pasado algún gorro azul (siguiente oleada), pero yo también he adelantado blancos y verdes. Al final 36'45" (1'56"/100), en el puesto  184 de mi división. Sinceramente, esperaba hacer más.

Entrada en la transición peleándome con el neopreno. Me lo tomo con calma. Es mi primera T1 más allá de un sprint o un olímpico y no quiero cagarla (recordemos Lantadilla). Salgo a la campa de bicis. Todavía quedan bastantes, así que no voy tan mal. Monto y empiezo a pedalear. Callejeamos por Calella, atento a los numerosos badenes. Salimos a la NII y mirando el Garmin, veo que vamos a 32 kms por hora. Bien, en plano vamos bien. Empiezo a notar mal el estómago, revuelto. He tragado mucho agua en el tramo de natación y creo que me va a afectar. Como algo y bebo isotónica, tratando de calmarme.

A partir del ocho comenzamos a subir dirección Collsacreu. Voy alto de pulsaciones, sin bajar de 145, pero no puedo hacer nada por bajarlas. Lo achaco a los nervios del debut. Voy adelantando (y me van adelantando muchos más). El dolor de estómago comienza a hacerse más intenso. Me quedan 75kgs por delante y sufro algo de pánico. No voy cómodo. Trato de pensar en lo que me dijeron Javi Gómez la semana pasada y Xavi estos días: trato de no forzar e ir a mi ritmo. Evito el drafting todo lo que puedo, pero es materialmente imposible, somos muchos para tan poca carretera.

Casi coronando Collsacreu, me adelanta Raúl Caroz. Vienen seis kilómetros de bajada, hasta Sant Celoni, que aprovecho para relajar pulsaciones a buen ritmo. Al final la primera hora me salen 27'250kms. Bien. A ese ritmo, tendré que dar la razón a Xavi.

Enfilamos la subida a Montseny y vuelvo a sentirme incómodo. La gente me adelanta fácil y yo apenas adelanto. Por un momento (en un tramo en el que voy solo, sin nadie por delante o detrás, durante medio minuto), pienso que voy de los últimos. Siento un poco de decepción. No obstante, yo a lo mío. Tomo unos cuantos corredores como referencia, y voy haciendo. Me sobrevienen momentos de mandarlo todo a la mierda, preguntándome qué coños hago yo aquí. Pedaleo, pienso, maldigo, sufro. Cambio a plato grande por mis santos cojones, y oh albricias, pillo un buen ritmo. Vuelvo a adelantar gente. Recupero distancia con aquellos que me había dejado atrás (a vosotros os dará igual, pero Pascal, García y Hendika quedarán mucho tiempo en mi memoria). Llegamos al km 42. En mi cabeza quedaban aún tres de subida, pero no: el puto puerto se ha acabado. Comienza una bajada divertidísima y muy técnica en la que vuelo. Voy mirando el garmin y mejorando la media. Así sí, pardiez.

Entramos en Santamaría de Palautordera y he cogido un ritmo de crucero a 40kms/h. Hago los cuentos de la vieja: queda solo subir a Collsacreu de nuevo. Quizás si que puedo hacer tres horas, viendo lo bien que me encuentro. No paro de adelantar gente. Disfruto como un enano.

Y llegamos al penalti box del 65. Y no sé exactamente cómo, al virar a la derecha para iniciar de nuevo la subida, me derrapa la rueda de atrás, y me caigo. Se me viene encima un holandés enorme. Me imagino que va a empezar a caer gente encima mío, que se me va a romper cualquier parte del cuerpo y que la bici va a quedar del revés. En ese instante en que pasa todo, pasa por mi cabeza solo un sentimiento: resignación ante lo inevitable.

Sorprendentemente, no pasa nada de esto. Pregunto al holandés 'are you ok?', me dice que sí. Vienen el juez y el mecánico. Joder, ya es puta suerte que me haya caído delante del puesto mecánico. Me revisa la bici. Sangro de ambas palmas de las manos, y me duele la cadera izquierda. Me dice que me dará guerra un piñón, pero que no hay nada más. He perdido un par de minutos, monto, pedaleo, y rápidamente me doy cuenta de que sí que pasa algo más. Voy lento, muy lento. Me adelanta todo dios. Quedan 25kms por delante con la bici cojonuda. Trato de hacer tripas corazón y asumir la nueva situación. Lento, lento, voy muy lento. A los cinco minutos, cansado de ver como me adelanta todo dios, paro y reviso la bici: el freno delantero estaba pegado a la rueda. Lo separo, monto de nuevo, y un escalofrío de alegría recorre mi espina dorsal (toma retórica, tú). Vuelvo a avanzar fino y vuelvo a adelantar. Recupero la posición con García (algún día os lo presentaré), y sigo para adelante. Estamos en pleno Collsacreu, meto plato pequeño y -oh, mierda- se me sale la cadena. A parar de nuevo en plena subida. Me mancho las manos de grasa, lo arreglo, y otra vez a pedalear. Decido no volver a meter plato pequeño, probablemente ha quedado jodido de la caída. Voy a buen ritmo, me encuentro bien. He superado tres paradas, ¿qué más puede pasar? Pues que haya polen en el ambiente y empiecen a picarme los ojos un horror.

Nos plantamos en la cima de Collsacreu sin apenas darme cuenta. Decido bajar con calma porque tengo miedo de que la bici derrape. Efectivamente, en dos curvas de herradura, derrapa y estoy a punto de irme al suelo junto a un francés (Luc, por cierto). Empiezo a acojonarme. Paso junto a la furgoneta de la Cruz roja, que está atendiendo a un corredor con un hostiazo del doce. Respiro. Quedan veinte kilómetros y no quiero que me pase lo mismo.

Iroman 70.3 Barcelona 2014

Llegamos a la NII a las tres horas. Me quedan diez kilómetros. Bien. Pese a todos los contratiempos, no voy a hacer tan mal tiempo. Callejeamos de nuevo, sorteo otro par de curvas haciendo malabares, y entro en la T2 en 3h17', en el puesto 188 de mi categoría. Ha pasado lo jodido. Solo queda correr, que en teoría es lo mío.

Corriendo por el campo de hierba en que estaba habilitado el box de bicis, me encuentro fino. No hay dolores ni posturitas a lo robocop. Me cambio rapidamente (1'11") y salgo escopetado. Hago los dos primeros kilómetros en 8'42", aunque empiezo a flaquear y a pensar que aún me quedan 19kms por delante. Todo un mundo. En el tramo hacia Pineda, el viento nos da de cara. Es realmente incómodo. Sufro mucho. Pese a todo, los seis primeros me los quito de encima en 31'10", a una media de 4'30". Recupero muchas posiciones de las perdidas. Llegamos al ocho, volvemos dirección Calella, por una recta de carretera muy aburrida. No hay gente animando. Me mentalizo y trato de pensar que en menos de lo que imagino, estaré en el 12.

Ironman 70.3 Barcelona 2014

Ironman 70.3 Barcelona

Y así es. Paso por meta, sólo queda una vuelta. Viento, sufrimiento y dolor pero sabiendo que ya está ahí. Me cruzo con Alex Pla, Caroz, Coello. Me empieza a salir una rozadura (que acabará en ampolla) en el pie izquierdo. He bajado considerablemente el ritmo. Me da igual. De pulsaciones voy bien, así que me da igual si voy a 5'03" que a 5'27". En los últimos tres kilómetros me adelanta bastante gente. No sé si son de la primera vuelta o de la segunda. No importa. Cruzo el veinte y veo a lo lejos la meta. Empiezo a verme entrando en meta. Llevo cinco horas y media sin parar. Reviso todos los entrenamientos de las últimas semanas, los días de levantarme pronto, de sudar de más, de cansarme, de exigirme y controlar. Ya está hecho. Entro en meta, me aplauden. Levanto los brazos y cruzo el arco. 5h59', en el puesto 173 de mi categoría.

La media maratón acabada en 1h49'17". Sí, realmente en el tramo final me he desfondado.

Entro en la carpa de descanso. Me enfundan la camiseta de finisher, y comienzo el banquete: dos donuts, dos cervezas sin alcohol y unas fresas. Llamo a @juditizquierdo, que acaba de llegar y me está esperando. Paso de la pasta y demás manjares. Salgo, la abrazo y beso. Es el remanso de paz que necesitaba. Ya no hay dolores, ni sufrimiento. Le cuento batallitas mientras vamos al box a recoger la bici.

Y punto.

Tiempo en Ironman 70.3  de Barcelona

 

Reportaje en Teledeporte.

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