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Ya está disponible nuestro podcast: Héctor Catalá habla de la ansiedad y el deporte

Hace unas semanas, los participantes de nuestro Training Camp 2.0 tuvieron la oportunidad de escuchar de cerca el duro camino al que ha tenido que enfrentarse Héctor Catalá tras su paso por los Juegos Olímpicos de Tokio.

El que fuera, junto a su guía Gustavo Rodríguez, medalla de plata en la última cita olímpica, reconoció en una charla con Diego Rodríguez y nuestros participantes haber sufrido episodios relacionados con la ansiedad.

Todo empezó, sorprendentemente, el día después de su gran logro. "Se me ocurrió la brillante idea de salir a correr con Ángel Salamanca. Durante los 15 primeros minutos estaba encontrándome fenomenal. Pero a partir de ahí, casi repito la misma sensación del día de la competición olímpica, en la que la sensación de mareo era enorme y son todo recuerdos borrosos".

Los problemas continuaron ya de vuelta en casa, donde los 400 metros que separan a Catalá de la piscina donde habitualmente entrena se hacían "eternos" cada día. "Al llegar, tenía que soportar estar durante todo el entrenamiento, más de una hora, con un nudo en la garganta y unas ganas de llorar terribles", explica el triatleta de Enervit.

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Foto: Planeta Triatlón

Uno de los momentos más duros ocurrió en casa, un domingo a punto de cenar. Una situación tan habitual como la de recibir un correo con el calendario de entrenamientos provocó a Héctor "el momento más desagradable": ganas de devolver y se le cierra el estómago. Fue entonces cuando decide tomar la decisión de buscar ayuda profesional: "Nunca había acudido a un psicólogo, salvo un par de veces que fui a un psicólogo deportivo porque tenía amistad con él".

La autoexigencia, detonante de sus problemas

Héctor Catalá recordaba una frase de su padre que le ha servido como motor durante mucho tiempo: "Hazlo o no lo hagas, pero no lo hagas a medias". Sin embargo, el triatleta confesaba haber sido "esclavo de sus palabras", que le convirtieron en preso de la ansiedad y estrés.

Ese "no hacer las cosas a medias", no significa el abandono de una carrera. Ese lema se tiene que aplicar en todos y cada uno de los días que provocan estar en la línea de salida, con los mejores del mundo, cada cuatro años: "Lo difícil es en el día a día, en los días que te levantas y estás del revés, que es desagradable, que no tienes ningún compañero para entrenar, que te toca hacer 3 horas de rodillo…".

El tomar decisiones forma parte de la preparación para conseguir la gloria: "Es muy fácil saber cuál es la decisión correcta y la incorrecta. Lo difícil es tomar la decisión. Para mí, hasta Tokio, desviarme de la línea que tenía marcada de seguir mi calendario, mis entrenamientos y demás era necesario. Me hubiera hecho más daño salirme de esa línea, que usar una válvula de escape como puede ser una cena con amigos".

"Si algo he aprendido es ser un poco más cortoplacista. Vamos a ir poco a poco. Desde luego, voy a luchar por estar en París, porque ni mucho menos, después de lo que ha pasado, tenemos la clasificación asegurada. No sé qué va a pasar ahora. No cierro ninguna puerta. Veremos después de París, que sea lo que tenga que ser. Lo único seguro es que seguiré siendo yo mismo y seguiré sin ir a medias".

Otro de los últimos puntos a resaltar por Héctor Catalá, es aprender a escuchar a la gente. Nadie te ofrece un consejo si cree que no va a servirte de ayuda, pero la cabeza es el músculo más poderoso de todos. Y cuando el cerebro no acepta algo, se niega a ver la realidad: "A mí me decían: 'Héctor, para. Entrena una vez al día y suave'. A mí me decían eso y decía: "Sí, claro, voy a hacer eso. Todos mis rivales entrenando 30 horas a la semana. ¿Estamos tontos o qué?'”

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