Duelo y entrenamiento: cómo cambia el deporte tras perder a alguien
Rachel Olson ganó a finales de septiembre IRONMAN 70.3 São Paulo con casi diez minutos de ventaja sobre su perseguidora. Habían pasado casi dos años desde la muerte de su madre. Entre ambos momentos hubo entrenamientos interrumpidos, problemas físicos, un abandono en Hawái y una pausa para decidir si quería seguir compitiendo.
Su madre, Janis, murió en noviembre de 2024 por una enfermedad hepática. Después, Olson iba a la piscina y se quedaba sentada en el borde, llorando. En bicicleta podía sentir de pronto la necesidad de regresar a casa. Correr, que antes le ayudaba a manejar sus emociones, empezó a pesarle.
La dificultad iba más allá de completar una sesión. Olson intentaba conservar su relación con el triatlón mientras afrontaba una pérdida que había alterado su vida. Su experiencia permite plantear una pregunta habitual entre quienes entrenan: qué hacer cuando el deporte que antes ayudaba empieza a convertirse en otra exigencia.
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La necesidad de que algo siga funcionando
«Cuando has perdido a alguien, mantener tus rutinas puede ayudarte mucho. El entrenamiento te organiza el día, te permite ver gente y te da un rato de alivio», explica Judit Izquierdo, fundadora de Siquia en 2012, cuya aportación se centra en el acompañamiento y la búsqueda de apoyo psicológico.
«La dificultad aparece cuando necesitas que cada sesión salga bien porque sientes que es lo único que todavía puedes controlar», añade Izquierdo. Esa necesidad aparece en el relato de Olson: la triatleta reconoce que dio demasiado peso a los entrenamientos y las carreras porque necesitaba que alguna parte de su vida funcionase.
El resultado deportivo adquiría así una importancia que excedía la preparación. Una mala sesión se sumaba a un momento personal difícil, mientras que competir bien se había convertido en una necesidad. Es la interpretación que hace la propia Olson al revisar aquellos meses, cuando insistía en mantener sus objetivos pese a sus dificultades.
Distraerse también puede ayudar
La psicología del duelo ofrece un marco para entender por qué entrenar puede proporcionar alivio. Los investigadores Margaret Stroebe y Henk Schut propusieron el modelo de proceso dual, que describe una alternancia entre atender al dolor de la pérdida y afrontar las tareas y los cambios de la vida cotidiana.
El modelo contempla la necesidad de descansar temporalmente de las exigencias del duelo. Aplicado al deporte, permite interpretar una salida en bicicleta o un entrenamiento compartido como un espacio de respiro. Pasar un rato concentrado en otra actividad no demuestra, por sí solo, que alguien esté evitando afrontar lo ocurrido.
«Salir a correr y pasar una hora pensando en otra cosa puede ser un descanso necesario. No hay que interpretar cada distracción como una huida», señala Izquierdo. «Conviene preguntarse qué ocurre después: cómo estás el resto del día, si puedes hablar de la pérdida y si tienes a quién recurrir cuando lo necesitas».
Una revisión sistemática de 25 estudios encontró posibles beneficios de la actividad física durante el duelo, vinculados con expresar emociones, recibir apoyo social y disponer de una distracción. Los autores señalaron también la necesidad de más investigación. Los resultados no establecen qué volumen de entrenamiento conviene a un triatleta que ha sufrido una pérdida.
Los síntomas físicos necesitan su propia evaluación
En Olson aparecieron problemas digestivos, cansancio profundo y dificultades para recuperarse de los entrenamientos. Las pruebas detectaron marcadores de inflamación elevados y ferritina baja, por lo que recibió una infusión de hierro. Según su testimonio, las consultas médicas no permitieron identificar una causa única que explicase todo lo que le sucedía.
La triatleta relaciona aquellos síntomas con la muerte de su madre. Cuenta que su abdomen se distendió pocos días después del fallecimiento y describe una sensación persistente de malestar. Esa es su experiencia, pero la coincidencia temporal no permite atribuir al duelo cada alteración física ni establecer el origen de la ferritina baja.
Esa distinción importa también para el lector que se reconoce en su historia. El contexto emocional forma parte de lo que está viviendo Olson, mientras que sus síntomas requirieron atención médica. El artículo no dispone de un diagnóstico que permita presentar la inflamación o los problemas digestivos como consecuencias demostradas de la pérdida.

Cuando una carrera se convierte en una obligación
Olson se había clasificado para su primer Campeonato del Mundo de IRONMAN y quería competir en memoria de su madre. Sin embargo, reconoce que su preparación estaba lejos de su mejor nivel. En Hawái sufrió problemas de estómago durante el ciclismo y abandonó poco después de comenzar la carrera a pie.
«Me aferré al triatlón con demasiada fuerza aunque mi cuerpo no estaba listo. Mi mente tampoco», reconoce la deportista. Al revisar aquella preparación, admite que necesitaba que el entrenamiento y las carreras salieran bien. La intención de homenajear a su madre convivía con una exigencia que terminó siendo difícil de sostener.
«Dedicar una carrera a alguien puede tener mucho significado. También puede añadir presión si empiezas a sentir que tienes que terminar por esa persona», plantea Izquierdo. «Abandonar una prueba no cambia lo que has vivido con ella ni el cariño que le tienes. Esa decisión deportiva no debería convertirse en una deuda».
Después de Hawái, Olson se permitió pasar unas semanas sin pensar en triatlón. Se centró en sus otros trabajos y en su vida personal. Quería comprobar si, al retirar por un momento la obligación de entrenar y competir, seguía teniendo ganas de practicar el deporte al que había dedicado tantos años.
El papel del entrenador
La respuesta fue que sí. Olson retomó la preparación con Kasper Pedersen y un volumen relativamente bajo. Buscaba un entrenador que entendiera sus circunstancias y aceptase que algunos días necesitaba avanzar a otro ritmo. El cambio introdujo una forma de trabajar que tenía en cuenta lo que sucedía fuera del entrenamiento.
«Un entrenador puede ser de las primeras personas que perciban un cambio, porque conoce tus hábitos y habla contigo con frecuencia. Puede escuchar, adaptar lo que te exige y facilitar que pidas ayuda», explica Izquierdo. Ese contacto permite abrir una conversación sobre cómo está viviendo el deportista su preparación.
El límite también debe estar claro. «No necesita tener una respuesta para todo ni asumir una responsabilidad que corresponde a un profesional de la salud», añade la fundadora de Siquia. En el caso de Olson, atender a sus circunstancias implicó aceptar una preparación distinta y dejar espacio para modificar las sesiones.
Pedir apoyo sin esperar a dejar de entrenar
El rendimiento, por sí solo, no permite valorar cómo está afrontando alguien una pérdida. La Asociación Americana de Psiquiatría distingue el duelo habitual del trastorno de duelo prolongado mediante criterios que incluyen la persistencia del sufrimiento y su interferencia en la vida cotidiana. El diagnóstico requiere una evaluación profesional.
«No hace falta esperar a estar completamente desbordado para consultar. Puedes pedir ayuda porque te cuesta dormir, porque el día a día se te está haciendo difícil o porque necesitas hablar de lo que ha pasado», señala Izquierdo. «Tampoco tienes que dejar de entrenar para recibir apoyo psicológico: puedes necesitar ambas cosas».
La victoria en São Paulo llegó después de que Olson parase y cambiase su preparación. Es un resultado deportivo dentro de una historia de pérdida que ella sigue contando. Para entender su regreso importa también lo anterior: aquellos días en que llegaba a la piscina y apenas podía sentarse en el borde.


