Cuando el triatlón es motivo de conflicto en casa
El domingo toca tirada larga. Cuatro horas de bici, según el plan. En casa, la conversación empieza cuando alguien pregunta a qué hora vas a volver. Entre el trayecto hasta el punto de encuentro, el café al acabar y la ducha, la salida se lleva la mañana. Tu pareja también tenía planes para ese domingo.
La discusión parece ir de una mañana, pero puede venir de mucho antes. Quizá sea el tercer fin de semana seguido en que pasa lo mismo. Quizá ya haya una inscripción pagada para una prueba en la otra punta del país. O quizá tu pareja esté cansada de enterarse de los planes cuando ya están hechos.
Las horas que quedan fuera del plan de entrenamiento
El plan registra el tiempo de la sesión. Para organizarse en casa importa cuánto pasa desde que sales hasta que vuelves a estar disponible. Una hora de natación incluye llegar a la piscina y cambiarse. Una salida larga puede condicionar también la tarde si vuelves cansado y lo único que te apetece es tumbarte.
Con hijos, la diferencia se ve en tareas muy concretas. Mientras uno está en la bici, alguien prepara el desayuno, lleva a los niños a un partido o se queda en casa porque el pequeño tiene fiebre. Si cada domingo se da por hecho quién va a hacer todo eso, también se está decidiendo quién puede disponer de su tiempo.
«A lo mejor has dicho que sí a quedarte con los niños tres domingos porque sabes que la carrera está cerca y te apetece echar una mano. Lo que molesta es que llegue el cuarto domingo y tu pareja ya haya quedado para salir en bici sin preguntarte qué planes tenías tú», señala Judit Izquierdo, fundadora de Siquia.

Una inscripción también puede decidir las vacaciones
Inscribirte en una prueba te lleva cinco minutos. Si la carrera es fuera, esa decisión puede fijar el destino, las fechas y parte del presupuesto de un fin de semana. Si además coincide con un puente o exige pedir un día libre, puede comprometer unas vacaciones que tu pareja contaba con organizar contigo.
El precio del dorsal es la cifra que tienes delante cuando te apuntas. Para saber lo que cuesta competir, toca sumar alojamiento, desplazamiento y, si hace falta, transporte de la bici. Si parte del gasto sale de una cuenta común, la conversación tiene más sentido antes de pagar que cuando llega el cargo.
También está lo que cuesta preparar la temporada. Una revisión de la bici, unas cubiertas o la cuota de la piscina quizá entren sin problema en el presupuesto de un mes. La cuenta cambia cuando a eso se suman varias carreras fuera y el gasto empieza a competir con otros planes que teníais para ese año.
Qué papel quiere tener tu pareja
«Puedes alegrarte muchísimo de que tu pareja cruce la meta y preferir verla cuando vuelva a casa. Acompañarla a una carrera puede suponer gastar un día de vacaciones, madrugar y pasar buena parte del domingo esperando. Hay quien disfruta de ese plan y hay quien preferiría ir solo a una o dos carreras al año», apunta Izquierdo.
«Eso se puede hablar antes de reservar el hotel», añade. En una prueba de larga distancia, la recogida del dorsal, la entrega de la bici y la carrera pueden ordenar casi todo el viaje alrededor de los horarios de una sola persona. A tu pareja quizá le apetezca verte llegar y dedicar el resto del día a conocer el sitio.
También importa cómo interpretas lo que te pide. Que tu pareja quiera que vuelvas a comer el domingo puede significar exactamente eso. Si la conversación acaba en si entiende lo importante que es para ti la carrera, queda pendiente la pregunta con la que empezó la discusión. ¿A qué hora puede contar contigo?


